…el aprobado democrático cada día es más fácil obtenerlo de Bruselas… Bielorrusia y Cuba pueden dar fe de ello.
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Miércoles, 18 de febrero 2026
…el aprobado democrático cada día es más fácil obtenerlo de Bruselas… Bielorrusia y Cuba pueden dar fe de ello.
Editorial
Desde estas líneas hemos denunciado “el triunfo” de Mugabe en junio pasado y condenado la posterior solución salomónica de integrar en el mismo gobierno al dictador y al líder de la oposición (Morgan Tsvangirai). Frente al optimismo declarado cuando se alcanzó el pacto (“histórico” fue uno de los epítetos más empleados para definirlo), mantuvimos nuestras cautelas.
En el acuerdo percibimos déficits estructurales. El principal, que suponía una multiplicación innecesaria de órganos gobierno. Esta medida no sólo retrasaría cualquier toma decisión sino que parecía estar destinada a dar cabida en los ministerios a los cuadros y elites de los dos partidos. Una suerte de corralito a la africana nada operativo y excesivamente burocratizado.
El tiempo nos ha dado la razón. Nuestra disconformidad tiene que ver también con el origen del problema: cualquier pacto que supusiera la presencia de Mugabe en el gobierno, nacía viciado por naturaleza. La comunidad internacional, una vez más, apostó por la “solución Chamberlain“, esto es, por el apaciguamiento de la bestia (Mugabe). Craso error pues el resultado final implicó la aceptación expresa de que el Lenin africano siguiera dirigiendo los destinos de su país.
Otro (supuesto) efecto balsámico que se le suponía al acuerdo es que frenaría los deseos de poder de Mugabe, al exigirle compartirlo. Nada de eso. Cuando ha llegado el momento de repartir las carteras ministeriales, las principales (exteriores, economía, interior o defensa) han ido a parar a su formación política, con la reacción en contra de la oposición.
Más grave aún nos parece la actitud de actores como la Unión Europea. Ésta “exige” el cumplimiento del acuerdo como condición para llevar a cabo un programa de ayudas económicas cuya finalidad es “consolidar la democracia”. De nuevo la UE es demasiado generosa a la hora de buscar verbos y sustantivos. Parece que el aprobado democrático cada día es más fácil obtenerlo de Bruselas… Bielorrusia y Cuba pueden dar fe de ello.
Mugabe ha burlado (de nuevo) la legalidad internacional y lo ha hecho por etapas. En marzo, tardando en publicitar el recuento de la primera vuelta electoral. En junio, amedrentando a la oposición y presentándose como candidato único. En octubre, incumpliendo un pacto que le aseguraba estar otros cuatro años dirigiendo la despensa africana, apelativo con el que históricamente fue conocido su país, pero claro, la quiere para él solo.
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