El presidente de Zimbabue, Robert Mugabe, ha empezado a formar un nuevo gobierno al margen del principal partido de la oposición, el Movimiento por el Cambio Democrático. Se había comprometido ante la ONU y la Unión Africana a hacer lo contrario.
Otra crisis en Zimbabue
“Pronto formaremos un gobierno. El MCD no quiere participar aparentemente. Esta vez los británicos les han prometido que las sanciones serán más devastadoras, que en seis meses el gobierno se colapsará”, afirmó Mugabe.
En otras palabras, el dictador acusa a la oposición de que su legitimidad no proviene de los zimbabueños sino de las potencias extranjeras, de las antiguamente imperialistas en particular, y subraya su falta de interés a la hora de llegar a acuerdos. El objetivo sería excluirla finalmente de la vida pública y controlar directamente el país.
La oposición no parece conforme con utilizar las sanciones de otros países como palanca para convencer al dictador. El portavoz, Nelson Chamisa, ha afirmado que, mantienen su “compromiso con un proceso de diálogo que va a producir un resultado aceptable para todos los actores, un gobierno de unidad” y que están “en contra de este unilateralismo y arrogancia”.
Mugabe dio inicio oficialmente a las sesiones del parlamento ayer martes después de que las conversaciones para formar un gobierno de reparto de poder con las dos facciones del opositor MCD se estancaran.
La inestabilidad del país está provocando que muchos intenten huir. La inflación anual del 11.000.000% ha terminado de convencer no solamente a algunos miembros de la oposición a los que el dictador dejó sin hogar sino a una parte cada vez más importante de la propia sociedad civil de Zimbabue.
Los precedentes
Mugabe se comprometió hace dos meses con las instituciones internacionales a que dialogaría con la oposición y la integraría en un gobierno de unidad nacional mientras se decidía si convocar o no otras elecciones. Sus adversarios le habían ganado en unos comicios transparentes y reaccionó mediante la imposición de una segunda vuelta en la que sólo pudo presentarse él.
Entre la primera y la segunda vuelta, el líder de la oposición, Morgan Tsvangirai, tuvo que ocultarse en una embajada mientras los miembros de su partido eran desahuciados e incluso se les confiscaban la comida y las medicinas para que renunciaran a su victoria en las urnas.
La segunda vuelta carecía, según Naciones Unidas, de las más elementales garantías democráticas. Entonces, el Consejo de Seguridad, la Unión Europea y la propia Unión Africana, le obligaron a comprometerse a que integraría a la oposición en un gobierno de unidad nacional después de negociar con ella el reparto del poder.
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