El tenista español confirma su condición de número uno en la pista rápida de Melbourne. Rafael Nadal ha ganado al suizo Roger Federer por 7-5, 3-6, 7-6, 3-6 y 6-2 en la final del Open de Australia, un hito que el tenis español nunca había logrado. La imagen de la final ha sido la de un Federer llorando desconsoladamente mientras recogía el premio de consolación.
Primer español que gana el Open de Australia
Cuatro horas y vientres minutos después de comenzar la final Nadal se revolcaba por el suelo de la pista central de Melbourne, la Rod Laver, que lleva el nombre del último tenista que consiguió ganar los cuatro grandes torneos en la misma temporada. Y fue Laver quien entregó el trofeo de campeón a Nadal.
La rivalidad entre Nadal y Federer ya está en los anales de la historia del deporte, tras disputar hasta 19 encuentros, siete de ellos en finales de Grand Slam. Y una vez más se repetía el guión de costumbre con una emocionante victoria del español (domina los cara a cara por 13-6).
Nadal llegaba a la final agotada tras una hermosa batalla en semifinales contra el también español Verdasco, que se decidió tras cinco horas de encuentro. En la víspera, el número 1 del mundo avisaba de que “tendría que hacer el mayor esfuerzo de mi vida para ganar”. Y vaya si lo hizo.
La final soñada empezó marcada por los nervios y las rupturas de saque, que fueron hasta cinco para un parcial de 7-5. En el segundo set, el de Basilea se sobrepuso y dominó con su golpe de drive. La tercera manga no se decidiría hasta el tie break, donde el mallorquín ganó los puntos importantes.
La reacción de Federer no se hizo esperar y logró el break a las primeras de cambio. Pero Nadal no hincaba la rodilla y lograba igualar a dos juegos. En ese momento, el tenista español pudo decidir el partido pero desperdició sus oportunidades y acabó pagándolo con la pérdida del set.
Así, tras casi cuatro horas de vibrante tenis se llegaba al set definitivo. En ese momento resurgió el Nadal de las grandes citas, el guerrero bronceado que se agiganta y atemoriza a sus rivales. Federer dijo basta a las primeras de cambio y acaba perdiendo el partido con su saque, con una derecha que se perdía más allá de la línea de fondo.
Lágrimas de campeón
El hombre impasible, el dominador de la raqueta durante un lustro, el que quizá pase a la historia como el mejor jugador de siempre mostró al final su lado más humano.
Durante la entrega de premios, el helvético no pudo más y rompió a llorar desconsoladamente. Quizá Federer, que había reencontrado su mejor nivel de juego, no pensaba que un Nadal mermado físicamente le podría batir, otra vez.
Rafa, todo un caballero, abrazó a su rival y, tras agradecer a su familia y al público el apoyo recibido, dedicó unas bonitas palabras a Roger: “Lo siento… Eres uno de los grandes de siempre y te deseo lo mejor para el futuro”. A buen seguro que no será la última vez que los dos mejores tenistas del mudo nos hagan disfrutar en una gran final.
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