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Nadie se fía del intervencionismo

El año 2008 pasará a la historia de los libros de economía como el de los multimillonarios planes de rescate, las quiebras bancarias en cascada y las inyecciones masivas de los bancos centrales en el mercado. Sin embargo, y a pesar de los esfuerzos de las Administraciones de transmitir calma y confianza, los inversores huyen despavoridos

Editorial
La segunda semana de octubre se ha convertido en la peor semana de la historia de las Bolsas. Cinco días de caídas consecutivas hasta llegar al punto crítico del viernes, con desplomes que generaron pérdidas por encima del el 8% en los parqués europeos.

Las acciones de los valores Ibex y sus hermanos del Viejo Continente se han depreciado un 20% en tan sólo una semana. En Wall Street y Asia los índices bursátiles también han reaccionado con pavor al clima de desconfianza internacional. Rusia e Islandia han cerrado temporalmente sus Bolsas para frenar la catástrofe, mientras Berlusconi insinuaba ayer que Italia podría seguir el mismo camino.

Bien es cierto que la Bolsa no tiene porqué representar fielmente el estado de salud de una economía. Los inversores apuestan, ganan y pierden dinero movidos por sus intereses y por una serie de variables complejas y cambiantes. Pero es un indicativo de la confianza, o en este caso, de la desconfianza en el mercado financiero y en las intervenciones públicas de bancos centrales y estados para salvarse de la crisis.

Estados Unidos, Francia, Inglaterra, Alemania, los Países Bajos y España han presentado en los últimos días planes de rescate, inyecciones masivas de dinero y nacionalizaciones de entidades financieras. El objetivo: salvar el mercado financiero y transmitir calma a las empresas y a la sociedad en general.

Pues el objetivo hasta ahora ha fracasado. Si la situación es mala de por sí, los inversores han captado el mensaje de que puede llegar a ser catastrófica. Si la imagen de la banca se resquebrajaba a marchas forzadas, ahora muchos piensan en una bancarrota generalizada. Y es que esta caída de los índices bursátiles no ha llegado cuando desapareció la banca de inversión en Estados Unidos ni cuando quebraron algunos de los bancos más importantes de Europa, sino cuando los Estados actuaron movidos por el miedo.

Es más, el BCE, en una decisión inesperada, bajó esta semana el precio del dinero medio punto, acción que no acometía desde hace más de un año. Pues bien, los bancos no aplicaron esa rebaja en el interés interbancario, el tipo que finalmente repercute en los préstamos a entidades y particulares, hasta tres días después.

Si hemos llegado hasta esta situación por la mala regulación y la permisividad con actividades altamente peligrosas para el mercado, un giro de 180º en muy poco tiempo puede que salve las principales urgencias pero no va a traer estabilidad y confianza.

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