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“No se hagan ilusiones”

El presidente español, José Luis Rodríguez Zapatero, ha aceptado visitar a Raúl Castro en La Habana y se ha ofrecido a pagar más de 24 millones de euros para la reconstrucción de las zonas afectadas por los huracanes. El jefe de la diplomacia castrista le ha respondido que “no se haga ilusiones” con las reformas democráticas que espera de Cuba.


Al jefe de las relaciones exteriores de Cuba, Felipe Pérez Roque, puede acusársele de representar a un régimen opresivo y déspota, pero en esta ocasión nadie podrá llamarle mentiroso. Su franqueza con las autoridades españolas debería recordarles que estamos ante una dictadura que no quiere extinguirse y no ante un socio comercial deseoso de enmendar sus errores.

La democracia en Cuba no llegará gracias a los castristas sino muy a pesar suyo. Las reformas que el régimen quiere emprender son las mismas que las de China, es decir, ceder ante el libre comercio o la propiedad privada en todo aquello que les reporte financiación para mantener en pié el ajado edificio de la dictadura.

El presidente español debe saber que las ayudas que La Habana recibe no las va a utilizar para mejorar los derechos fundamentales, que no existen, ni para iniciar una transición que nadie se atreve a pronunciar delante de la policía política. Los fondos van a destinarse directamente a la represión, la dominación total y el pago de prebendas a los ciudadanos que mejor delaten a sus vecinos.

Sería interesante auditar el resultado final de los 24, 5 millones de euros que el Gobierno español cree que van a emplearse en la reconstrucción de las zonas devastadas por los huracanes. Pero, desafortunadamente, no lo harán porque saben que tendrían que cerrar el grifo de las ayudas y porque esta subvención forma parte de un acuerdo más amplio.

Por desgracia, cada vez parece más obvio que Madrid le ofrece a Castro la cercanía de la Unión Europea a cambio de que La Habana le permita influir sobre Evo Morales y Hugo Chávez. Los castristas necesitan que la UE crea en sus reformas democráticas, aunque no vayan a servir más que para financiar la opresión con cargo a la inversión extranjera; y Zapatero quiere utilizar la influencia de Cuba sobre Bolivia y Venezuela para aumentar su proyección internacional y hacer que la Casa Blanca le tome en serio de una vez.

Es posible que, después de todo, las palabras de Pérez Roque no fueran una respuesta al presidente español sino a los que deseamos la libertad para Cuba. Tal vez nos estuviese diciendo en realidad “no se hagan ilusiones con las reformas de las que les habla Zapatero, porque nosotros pensamos utilizarlas para seguir en el Gobierno”.

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