Joe Biden y sobre todo Bill Clinton coronaron ayer al nuevo candidato del Partido Demócrata a las elecciones presidenciales. Barack Obama apareció por sorpresa al final de la noche y, mientras estrechaba las manos de Biden, recibió una gran ovación de los delegados.
Una gran fiesta
Pocos podían creerlo cuando Bill Clinton, el ex presidente y marido de la rival de Obama hasta hace pocas semanas, señalaba que se identificaba con el joven senador por Illinois y pedía el voto para el nuevo candidato. “Hace 16 años los republicanos decían de mí que era demasiado joven e inexperto ¿Os suena la historia?”. Clinton recordó que la estrategia no funcionó con él y tampoco funcionará esta vez”.
Fue un modo de subrayar que los ataques contra la inexperiencia de Barack Obama, que se habían sucedido desde que Hillary Clinton vio peligrar su candidatura, habían quedado atrás.
“La campaña generó tanto calor que aumentó el calentamiento global… Al final, mi candidata no ganó. Pero estoy muy orgulloso de su campaña y porque no se dio por vencida, en el nombre de toda la gente a la que defendió y todos los cambios que quiso impulsar”, aclaró el ex presidente.
A diferencia de Hillary el martes pasado, quiso concentrarse en las cualidades del senador por Illinois para convertirse en el inquilino de la Casa Blanca. Para empezar, destacó “la capacidad de Obama para inspirar a la gente, elevar las esperanzas y darnos un alto propósito” y la “la inteligencia y la curiosidad que todo presidente necesita para triunfar”.
Se refirió, de un modo parecido a su mujer durante su discurso, a la superioridad de los objetivos del programa del candidato por el Partido Demócrata. “Sus propuestas para la economía, los impuestos, la atención sanitaria y la energía son muy superiores a las republicanas. Y ha mostrado un claro entendimiento de los retos de nuestra política exterior y nuestra seguridad”.
Biden, como siempre
Joe Biden no decepcionó a nadie. Le presentó su hijo Beau, de 39 años y fiscal en Delaware, el estado al que su padre representa en el Senado, y es un oficial en la reserva que va a ser enviado a Irak en octubre.
Atacó con dureza al candidato del Partido Republicano identificándolo con Bush, que tiene unos niveles de popularidad que hoy no le permitirían ganar las elecciones presidenciales. “La decisión en estas elecciones está clara. Estos tiempos requieren algo más que un buen soldado. Requieren un líder inteligente, un líder que pueda traer el cambio, el cambio que todo el mundo sabe que necesitamos”, añadió Biden.
Luego hizo el más difícil todavía. No sólo presentó a Obama como el paladín del “cambio” sino que comparó algunas de las posturas de McCain con las del senador por Illinois en política exterior para concluir que “John McCain estaba equivocado. Barack Obama acertó”. Las relaciones exteriores es uno de los puntos tradicionalmente débiles del candidato demócrata y es en parte el motivo por el que Biden ha sido elegido como su número dos.
Poco antes de la aparición por sorpresa de Obama, Biden le arrancó una carcajada al público cuando se equivocó llamando George, nombre de pila de Bush, a McCain.
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