América, Política

Ollanta Humala, en el fin de su mandato

Ollanta Humala recorre el último año del mandato de gobierno que oportunamente recibiera. Etapa final que se cerrará en julio del año venidero.


Perú, algo desacelerado, sigue creciendo, sin haber alterado su exitoso rumbo económico. Quienes aseguraban o temían que Humala lo iba a cambiar, se equivocaron. De medio a medio. Más allá de la retórica, lo cierto es que eso no ocurrió y que lo sucedido es mérito innegable del propio Humala.

Tengo la sensación -sin embargo- de que ahora Humala puede estar cometiendo un serio error político. El de tratar de construir una imagen con algunos tonos izquierdistas, para colorear con ellos su futuro político, si es que existe. Cuando su popularidad doméstica se ha derrumbado, fenómeno bastante común en nuestra inestable región.

Lo hace aprovechando sus viajes por el mundo. En ellos hace ahora declaraciones que lucen como “para la posteridad”. Como las que tienen que ver con sus incansables ataques a la prensa de su país, que curiosamente es uno de los notables bastiones de la libertad de prensa en la región. De lo que todos los peruanos deberían estar legítimamente orgullosos. Porque, en una región como la nuestra, en la que, todo a lo largo de la última década, ha crecido el autoritarismo y los nefastos multi-medios estatales, lo de Perú debe aplaudirse ciertamente. Con vigor. Humala no cayó en esas tentaciones, felizmente. Y eso no es poco.

Pero, en línea con la imagen con perfiles de izquierda que aparentemente prefiere dejar tras su paso por el gobierno, Humala hasta ha comenzado insólitamente a alabar la imagen de Hugo Chávez, el gran responsable de la ruina de Venezuela y de la expansión del pernicioso populismo en nuestra región, ponderaciones que, además, está extendiendo al también autoritario Nicolás Maduro, probablemente el mandatario menos exitoso de toda Latinoamérica. Frente a lo cual, algunos de sus hasta ahora más notorios sostenedores, como Álvaro Vargas Llosa o Alejandro Toledo, han manifestado de inmediato sus certeras críticas. A las que se sumaron, curiosamente, nada menos que su propio Jefe del Consejo de Ministros, Pedro Cateriano y su vocero, Teófilo Gutiérrez.

Quizás la razón de lo que sucede está en sus esfuerzos por tratar de defender a su esposa, Nadine Heredia, que excesivamente proyectada hacia seducir a la opinión pública, parecería estar asediada por el impacto de algunas denuncias de corrupción. Si ello es efectivamente así, eso es una equivocación política. Como también lo es su actitud de confrontación abierta con el aprismo y el neo-fujimorismo. Con los que él no compite, ni competirá, en la carrera electoral que se avecina, respecto de la cual lo mejor que puede hacer es probablemente mantenerse en la neutralidad.

Si de dejar una mejor imagen se trata, Ollanta Humala debería, en nuestra opinión, tratar de aprovechar el rebote que aparentemente tendrá la economía de su país en el segundo semestre del año en curso. Que podría llevar a Perú a crecer al ritmo del 3% anual de su PBI. Para así cimentar con cifras su principal e innegable mérito, que es el de haber mantenido el rumbo económico estratégico de su país, consciente de que esa es probablemente la principal razón del crecimiento peruano de la última década. Esto es, lo que realmente ha transformado a un país que por años estuvo semi-paralizado en una economía abierta, dinámica y atractiva que, aceptando los desafíos de un mundo globalizado, sigue un camino de modernización. No es poca cosa. Y Humala debería puntualizar, con razón, que él ha sido “partícipe necesario” de ese éxito, que no es menor.

 

(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.

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