Daniel Ortega prosigue con su discurso de los años 80. Su aportación de hoy es la misma que antaño: Nicaragua, un país con déficits de democracia y libertad y superávit de nepotismo y corrupción gubernamental.
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Martes, 21 de julio 2026
Daniel Ortega prosigue con su discurso de los años 80. Su aportación de hoy es la misma que antaño: Nicaragua, un país con déficits de democracia y libertad y superávit de nepotismo y corrupción gubernamental.
Editorial
El Presidente nicaragüense no es tan icono del neopopulismo progre como sus socios Chávez, Morales o Correa, pero quiere estar al nivel de aquéllos. De momento parece que se tiene que conformar con salir en la foto. Pese a ello, no debemos restar ni un ápice de la influencia que el sandinista ha tenido en el modus operandi de políticos latinoamericanos citados.
Tácticas como amedrentar a la oposición, censurar a los medios de comunicación, culpar a Estados Unidos… él ya las empleó en su anterior estancia en el poder y hoy en día son la base de su credo político. El gran hándicap de Ortega es que no tiene una materia prima, llámese petróleo, con la que comprar voluntades exteriores, por tanto, tiene que ir a rebufo de lo que en Caracas, especialmente, se gesta.
En cuanto a su discurso, el político nicaragüense es el eco de lo que dicen en su entorno. Recientemente cuando presentó el Plan Nacional de Desarrollo Humano, arremetió contra el capitalismo “no tiene ni Dios ni Ley” dijo. Con esta demagogia, más allá de obtener petróleo barato de su camarada Chávez, poco consigue.
Las manifestaciones en Managua exigiendo un descenso del precio de los alimentos y un respeto por las libertades, se han sucedido en los últimos meses. Su respuesta ha sido “analizar” las políticas económicas de Bush, lo que denomina, no sabemos si tiene la patente, terrorismo económico.
El modelo económico que nos propone Ortega tiene en la integración regional de ALBA y PETROCARIBE sus buques insignia. De lo que se trata es de ir de la mano de Chávez juntos ¿hasta la victoria?, ¿de quién? Desde luego no de la libertad de sus sociedades.
Todavía hay más argumentos en contra de este dirigente. Se está convirtiendo en un vulnerador sistemático de derechos humanos, al más puro estilo Anastasio Somoza. Sus purgas a lo soviético llegan incluso a quienes fueron compañeros suyos de revolución.
El último ejemplo es que para las elecciones municipales de 9 de noviembre no ha permitido la presencia de observadores electorales internacionales. Ni la OEA, ni el Centro Carter o la propia Unión Europea han sido invitados. Evidentemente, la derrota de Chávez en su propio referéndum hace un año ha sido muy tenida en cuenta por el séquito del bolivariano.
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