El PBI de la República Argentina es nada menos que trece veces y medio más grande que el de su vecina: Uruguay. Pese a sus distintas dimensiones, ambos países tiene muchas cosas en común. Entre ellas, que los dos son fuertemente exportadores de productos del agro. De alimentos, entonces. Lo que las naciones más pobladas del mundo requieren constantemente.
El agro argentino ha sufrido más una década de medidas erróneas, sino absurdas o hasta perversas, producto del fuerte dirigismo e intervencionismo que sus gobiernos adoptaran todo a lo largo de los últimos doce años. Y, créase o no, su gobierno, proteccionista, hasta cobra altísimos derechos a la exportación de sus productos. Para que no se exporte. Y para que “la mesa de los argentinos” tenga esos alimentos disponibles y, por sobre todas las cosas, baratos. Populismo, puro.
Por ello, el agro de la República Argentina dejó de exportar, nos dice el economista Juan Llach, la friolera de unos 150.000 millones de dólares en los últimos 12 años de gestión “kirchnerista”. Una barbaridad. O, más bien, un inconsciente suicidio.
Del otro lado del Río de la Plata, en el Uruguay -donde el populismo no tiene tantos adeptos como sucede en la Argentina- los gobiernos en cambio no torturaron abiertamente a su agro. Comparado con el caso argentino, “lo dejó hacer”. Crecer, en consecuencia. Como resultado, Uruguay produce ahora más trigo que la Argentina y, además, como si eso fuera poco, exporta significativamente más carne que la Argentina. Parece increíble. Pero es así.
Ese ha sido uno de los peores resultados de lo que los inflados y mendaces “kirchneristas” llaman: la “década ganada”. En materia de productos del agro, la “década ganada” fue claramente la de Uruguay, según queda visto. Que, además, logró abastecer a algunos importantes mercados a los que antes exportaba la Argentina. Por abandono. Así de pronto David devino Goliat, al menos en algunos rubros importantes del agro.
Pero, a pesar de todo, la dura caída de los precios internacionales de los productos del agro, particularmente la que afecta a los precios de la soja y de la carne roja, está ahora impactando adversamente a Uruguay, cuyas exportaciones, ad valorem, llevan ya seis meses de continuada caída. Incluyendo las tradicionales ventas de carnes, leche, o arroz.
¿Quiénes son hoy los principales clientes de Urugay? Primero China, hoy desacelerada, hacia donde va el 16,7% de las exportaciones uruguayas. Luego el Brasil, su vecino del norte, que pese a la recesión que atraviesa es todavía el destino del 14,4% de las exportaciones uruguayas. Tercero, los Estados Unidos, con el 6,4% de todas las ventas al exterior. Y quinto, la deprimida (y casi ausente) Argentina, que hoy es el destino de apenas el 4,7% de todo lo que vende Uruguay. El campo, también en Uruguay, es esfuerzo. Por esto, pese a la caída de los precios, sigue trabajando, sin bajar los brazos. Con apego a lo suyo y con la esperanza compartida de que mañana vendrán tiempos mejores. Lo que no deja de ser bastante probable.
(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.
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