América, Política

El Papa Francisco sorprende al perdonar al sacerdote nicaragüense Ernesto Cardenal

“…su relación con Daniel Ortega se deterioró en los últimos años, a punto tal que Cardenal se transformó en un enemigo abierto…”



De pronto se conoció una noticia absolutamente sorprendente e inesperada: el Papa Francisco notificó al combativo sacerdote nicaragüense, Ernesto Cardenal, el levantamiento de la suspensión “a divinis” que le había sido impuesta por su extraordinario predecesor, el Papa Juan Pablo II. El sacerdote está hospitalizado, con 94 largos años sobre sus hombros, enfrentado con una compleja infección renal.

En más, el ahora liberado religioso podrá administrar los sacramentos como cualquier otro sacerdote. El sacerdote perdonado había sido reprendido públicamente por el Papa Juan Pablo II, frente a las cámaras del mundo entero en el propio aeropuerto de Managua, en marzo de 1983, por haber violado la prohibición de hacer política, actividad considerada canónicamente como totalmente incompatible con el ejercicio del sacerdocio, por buenas razones.

Fue, en su momento, uno de los principales propulsores de la llamada “teología marxista de la liberación”. Hasta hace dos años, el sacerdote que hoy ha sido perdonado rechazaba arrogante y públicamente esa gracia, que finalmente terminó solicitando formalmente, presumiblemente como consecuencia del paso de los años y la certeza que va inevitablemente apareciendo en los seres humanos acerca de la creciente cercanía de la muerte. Ya no dice que “no le interesa haber recibido esa gracia”. Los treinta y cinco años de suspensión que se la aplicaran han ahora quedado, de pronto, atrás.

Cuando el sacerdote perdonado militara en el Frente Sandinista de Liberación Nacional que acabara con la grotesca tiranía de Anastasio Somoza, el padre Cardenal fue designado como Ministro de Cultura de Nicaragua. Lo que sucedió en 1979, cargo ministerial que ocupó por espacio de ocho años, mientras el gobierno al que perteneciera se transformó en un régimen notoriamente dictatorial y comunista. A Cardenal no se le movió un solo pelo, en ese entonces. Endosó todo. En blanco.

Pero su relación con Daniel Ortega se deterioró en los últimos años, a punto tal que Cardenal se transformó en un enemigo abierto del odiado matrimonio de Daniel Ortega y Rosa Murillo. Desde abril del año pasado el enfrentamiento ha sido constante y creciente. Cardenal, héroe sandinista fue, no obstante, objeto de persecuciones y acosos judiciales de toda índole. Incluyendo la pretensión de cobro de multas de gran porte, por presuntas infracciones fiscales. También los medios, que están en manos del matrimonio Ortega y sus secuaces, lo hicieron objeto de un injusto escarnio permanente.

Para el Papa Francisco, sin embargo, la Teología de la Liberación, como postura, fue “una cosa positiva en América Latina.” Posición que es, por lo menos, opinable. Excepto su análisis marxista de la realidad, que es inaceptable.

Una vez más, la decisión del Papa Francisco entra en el terreno de las controversias. El hombre que, no sin arrogancia, desafió en su momento al Papa Juan Pablo II ha sido perdonado y hoy puede administrar libremente los sacramentos, cosa que no pudo hacer mientras transcurrieron sus largos años de abierta actividad política, incompatible con su carácter sacerdotal.

Queda ciertamente por ver cuál será la conducta inmediata y futura del sacerdote perdonado. Cómo actuará en adelante, en otras palabras.

La enorme arrogancia que exhibiera durante tantos años de constante actividad política desde el marxismo, hace que cualquier predicción acerca del camino que Ernesto Cardenal elija a partir de ahora sea extremadamente compleja y, más aún, casi imposible de tener ex ante por cierta.

Toda una incógnita se abre ahora, entonces. La conducta futura del padre Ernesto Cardenal irá, paso a paso, sugiriendo a todos si el inesperado perdón recibido, a su expreso pedido, por parte del Papa Francisco ha sido, o no, sólo un acto y un paso generoso, sino uno que, además pueda considerarse mañana como una actitud acertada. Veremos, obviamente, como siempre sucede.
 
(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.
 

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