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Pocas ideas y mucha pompa y boato en Denver

Poco han dicho los demócratas de su programa de gobierno durante los primeros días de la Convención. Hasta ahora todo ha sido un ir y venir de figuras políticas con un lenguaje abundante en retórica y deficitario en contenido.

editorial

La Convención Demócrata que se viene celebrando en el Pepsi Center de Denver y que finalizará el próximo jueves, se está convirtiendo en una pasarela multimedia. Ideas refrescantes o soluciones a las diferentes crisis por las que atraviesa el país, pocas…o ninguna. Hasta este momento, lo más profundo que hemos escuchado es que McCain es un continuador de Bush. Como diría un castizo, “mucho ruido y pocas nueces”.


 


Michelle Obama, Hillary Clinton y Ted Kennedy, entre otros, han aportado sólo personalismo. La mujer del candidato demócrata describió las virtudes vitales y profesionales de su marido. Fácil corporativismo matrimonial que no le dará puntos para llegar a la Casa Blanca. Eso sí, tampoco se los restará.


 


Más importante y esperada fue la intervención de Hillary Clinton. La ex Primera Dama dio una lección de disciplina de partido, apostando por el que hasta hace pocos meses fue su acérrimo rival. ¿Habrán tomado buena nota los “Hillaristas” de las palabras de su líder?, ¿y su marido Bill? La intervención de éste se antoja fundamental. Deberá cambiar la línea de argumentación de los últimos meses que tampoco fue de gran ayuda para su señora.


 


¿Y Obama? El jueves será su gran día, o por mejor decir, puede que sea el del pistoletazo de salida. Durante las últimas semanas se ha acomodado en un role ganador y no ha hecho nada para sentenciar o cuando menos, avanzar. Sin embargo, las encuestas le empiezan a ser adversas.


 


En su equipo se vieron vencedores desde junio, cuando realmente lo único conseguido era una victoria menor, aunque necesaria, sobre Clinton. Ese ha sido el gran error de los demócratas: relegar la lucha presidencial a una batalla interna.


 


Este modus operandi se ha visto beneficiado, efectivamente, por hechos como la necesaria alternancia en el gobierno propia de un sistema bipartidista o por una infravaloración de McCain y la tendencia a mimetizarlo con Bush.


 


El Senador de Arizona ha sabido sacar réditos de esa supuesta derrota anticipada. Ha podido ocultar o dejar en segundo plano las carencias que se le imputaban, por ejemplo, en el terreno económico. Tampoco ha tenido que sufrir la sombra alargada de otra figura en el partido con la que rivalizar. Ese role lo pudo haber jugado Bush, pero ha preferido estar en un segundo plano, apoyando al candidato de sus filas, aunque sin llegar a la simbiosis con él. Esto último habría sido fatal para los republicanos.

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