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Polonia apuesta por la libertad y la seguridad

El acuerdo entre Estados Unidos y Polonia para la instalación del escudo antimisiles supone un avance fundamental en la seguridad regional y global.

editorial

La firma del acuerdo entre Estados Unidos y Polonia por el que Varsovia permite la instalación en su territorio de una parte del escudo antimisiles, admite varias lecturas según sea el actor que se manifieste.


 


La principal protagonista, Polonia, ha mostrado siempre su disposición a secundar las propuestas norteamericanas en materia de defensa. Son muchas las ventajas que obtiene por ello: la mejora de sus capacidades militares gracias a la generosa inversión económica de Washington, convertirse en interlocutor de la Casa Blanca en Europa y sobre todo, disipar cualquier duda que se pudiera cernir sobre su propia seguridad.


 


Polonia vivió durante buena parte del siglo XX bajo el totalitarismo, primero de Hitler y más tarde de la Unión Soviética. Su libertad y autonomía estuvieron constreñidas y al servicio de las ambiciones de la nomenclatura moscovita.


 


La caída del telón de acero retornó a los polacos a la senda de la democracia de la que no se quieren desviar…ni quieren ser desviados. Rápidamente sus diferentes gobiernos apostaron por ser un key player en los asuntos continentales, aunque mirando de reojo a Rusia, pues sabe que sus ambiciones no han desaparecido sino que se han disfrazado.


 


Con respecto a la época de la dominación, Moscú cuenta ahora con una ventaja   que no gozaba entonces, como es su fuerza económica. Por tanto, no nos debe extrañar que todos los gobiernos que se han sucedido en la Polonia post guerra fría hayan buscado consolidarse en el bloque occidental, pese a la teórica y retórica desaparición de muros divisores.


 


El escudo antimisiles es simplemente un ejemplo más. El axioma de que sin seguridad no puede haber libertad, lo defiende sistemáticamente Polonia. Acontecimientos como la brutalidad de la reciente acción rusa en Georgia, así lo refrendan.


 


En cuanto a Rusia, sus temores hacia el escudo antimisiles se justifican más por la pérdida de influencia en el que fue “su territorio”, que por estrictas razones de seguridad. En efecto, el objetivo de ese escudo no es Moscú, con quien Estados Unidos quiere apoyarse para hacer frente al denominado eje del mal. Lo que el Kremlin debe tener presente es que su demandada cooperación para hacer frente a las amenazas globales no es moneda de cambio.


 

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