Política

Polonia: Liberales de centro derecha y conservadores, obligados a entenderse

El candidato que salga elegido deberá hacer frente a los sucesivos escándalos de corrupción que marcaron la época del Gobierno de la izquierda postcomunista

Editorial
Los polacos acudieron a las urnas para elegir nuevo presidente. La pugna se centra voto a voto entre el liberal de centro derecha Donald Tusk, líder del Partido Cívico y su rival conservador, Lech Kaczynski, quien logró reducir paulatinamente la diferencia de seis puntos que lo separaban hasta tan sólo un par de semanas.

Tanto Tusk como Kaczynski formaron parte del movimiento sindical Solidaridad, que derrocó el comunismo en la década de los ochenta. Tusk, quien cuenta con el apoyo oficial de Lech Walesa, el antiguo líder de Solidaridad y ex presidente del país, es moderado y defensor del empresariado. Además, goza del respaldo de los sectores más proclives al libre mercado. Por su parte, el hasta ahora alcalde de Varsovia, Lech Kaczynski, quien recibe apoyo de la dirigenia actual del sindicato Solidaridad, apuesta por volver a los valores tradicionales.

En el programa de Tusk, figuran intenciones como la de limitar la omnipresencia del Estado, reducir del costo de su mantenimiento, de abaratamiento de la administración pública, de liquidación de las agencias y fondos que funcionan ahora de manera independiente del presupuesto y malgastan el dinero público.

Entre las promesas de Kaczynski destacan la construcción de hasta cuatro millones de viviendas en 8 años, la financiación pública de la sanidad, aumento de las bajas por maternidad, pago de las pensiones de alimentación cuando los padres incumplen sus obligaciones y creación de millones de puestos de trabajo. Kaczynski promete que todo eso se hará rebajando los impuestos y, lo que es más importante, sin aumentar el déficit presupuestario que ascenderá a 30.000 millones de zlotys (unos 7.500 millones de euros) durante tres años seguidos.

Un desafío de la nueva política polaca será captar el interés de una opinión pública apática e indiferente. En otras palabras, el reto que se abre ante los dos candidatos no es únicamente captar a los electores que hoy dieron su respaldo a otros candidatos, sino también y, ante todo, movilizar a los 15 millones de polacos que no acudieron a las urnas.

Sería un signo muy negativo, dicen los observadores, que el nuevo presidente salga de una jornada electoral con índice de participación del 50.5 por ciento como en las últimas elecciones. “Cuando veo que solamente el 50.5 por ciento de mis compatriotas acudieron hoy a las urnas, yo me pregunto para qué luché tanto por la democracia, para que me expuse a que me detuviesen, encarcelasen, juzgasen y persiguiesen”, se quejó amargamente Lech Walesa al ser consultado.

El candidato que salga elegido deberá hacer frente a los sucesivos escándalos de corrupción que marcaron la época del Gobierno de la izquierda postcomunista, así como el problema de desempleo, cuya tasa oficial es del 18%. Hay que destacar que el presidente de Polonia no tiene competencias muy amplias, pues quien ostenta el poder ejecutivo es el jefe de Gobierno. Sin embargo, puede vetar y proponer leyes, es comandante de las Fuerzas Armadas y representa al país en el extranjero.

Las presidenciales en Polonia al igual que las pasadas legislativas parecen aconsejar el entendimiento entre liberales de centro derecha y conservadores.

// OTROS TEMAS QUE TE PUEDEN INTERESAR

// EN PORTADA

// LO MÁS LEÍDO

// MÁS DEL AUTOR/A

Menú