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¿Qué pasa por la mente de un adolescente que mata a 16 compañeros?

Conmueve el asesinato en todas sus formas. Es condenable porque acaba con vidas de inocentes y porque quien mata no llega a simbolizar su neurosis.

Masacre en Instituto Alemán

Podría ser la secuencia de una película de acción pero no lo es ya que los que mueren lo hacen de forma real. También podríamos indagar aquí sobre los motivos que tuvo o no tuvo, las circunstancias, etc. Pero creo que no debemos hacerlo porque caeríamos en la justificación o lo que sería mucho peor: la comprensión. No hay razones para matar a otro igual más que la pulsión de muerte que todos llevamos y que simbolizamos de diferentes maneras a lo largo de nuestra vida: el arte es una de ellas.

Poner en escena de forma real nuestras pulsiones no nos hace crecer como especie.

Artaud cuenta que en la isla de Bali sucedió algo increíblemente teatral durante la segunda guerra mundial: Todos los hombres de una aldea subieron al monte cuando llegaron los alemanes quienes les pidieron que se rindieran. Los nativos se colocaron sus máscaras y atuendos de guerra y con una danza ritual bajaron de las montañas ofreciéndose como blanco en esta acción. Los alemanes con sus armas en mano advirtieron una y otra vez que depusieran su actitud, pero los guerreros balineses no lo hicieron. El resultado fue una matanza absoluta de los guerreros bailarines que no tenían intención de matar pero que sí la tenían de simbolizar el acto de matar.

Intentemos pensar el momento psicológico de la adolescencia, y situar cómo vive el adolescente las grandes pasiones del ser humano: el amor, el odio, los celos, la envidia.

En primer lugar, hay que decir que la adolescencia, como período vital, comporta necesariamente una etapa de crisis. Una crisis que abarca toda la esfera psíquica y física del sujeto, y que es necesaria en la medida que es imprescindible para el desarrollo saludable de la vida adulta.

Es un tiempo de crisis porque supone renuncias, pérdidas y confusión. Tiempo de definición de la identidad y de la condición sexual.

Para poder ser ellos mismos deben romper con buena parte de los lazos que les sostenían hasta ese momento. Nos referimos a su identidad como niño, dependiente de unos padres idealizados.

Este momento se caracteriza por un desequilibrio e inestabilidad extremos para el adolescente y al mismo tiempo es enormemente perturbador para los adultos que lo rodean.

Para establecer su identidad, el adolescente no sólo debe enfrentarse al mundo de los adultos, para lo que aún no tiene herramientas, sino que además debe desprenderse de su mundo infantil, en el que vivía cómoda y placenteramente, en relación de dependencia, con necesidades básicas satisfechas y roles claramente establecidos.

Siguiendo las ideas de Arminda Aberastury, psicoanalista de niños y una profunda conocedora del mundo adolescente, podemos decir que el adolescente realiza tres duelos fundamentales: el duelo por el cuerpo infantil perdido, base biológica que se impone al individuo.  No pocas veces, esos cambios corporales son vividos como algo externo al sujeto, a los que asiste como espectador impotente de lo que ocurre con su propio organismo.

El duelo por el rol  y la identidad infantiles, que le obliga a una renuncia de la dependencia, y a una aceptación de responsabilidades que muchas veces desconoce, y por último, el duelo por los padres de la infancia a los que persistentemente trata de retener en su personalidad, buscando el refugio y la protección que ellos significan.

No pretendemos psicologizar el hecho, solo hablamos de una etapa que viven la mayoría de los adolescentes que no matan a diecisiete personas.

Este, que asesinó a diecisiete personas es un asesino adolescente. Aunque comprendamos la vida debemos singularizar y fijar los límites que nos permitan convivir. La dificultad para gestionar nuestros conflictos es común a todos los seres humanos: pero la gran mayoría no mata a otros congéneres.

Siempre es bueno que los límites y la ley estén claros al respecto.

* Daniel Lovecchio
Director del teatro TYL TYL. Especialista en el mundo de la infancia y la adolescencia.

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