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Qué tienen en común Irán y Bolivia

La gira internacional que está realizando Evo Morales le ha llevado primero a Libia y actualmente a Irán. En Teherán ha mantenido un encuentro muy amistoso con Ahmadineyad. ¿Qué puede unir a estos dos políticos tan diferentes? La animadversión a Estados Unidos cobija ideológica y doctrinalmente los diferentes acuerdos que suscriban.

editorial

De uno año a esta parte, las relaciones entre La Paz y Teherán se han normalizado. Si primero se trató de encuentros a nivel ministerial, ahora mismo nos encontramos en una fase superior, la presidencial. La visita realizada meses atrás por el dirigente iraní a Bolivia ha sido correspondida ahora por el aymara.


 


Ambos tienen a Estados Unidos como enemigo. En cualquier foro donde intervienen sus mandamases hay una diatriba anti-norteamericana. Hasta ahora la excusa que tenían era Bush. Como éste acaba mandato en breve, ya han encontrado “peros” que objetar a sus sucesores, bien McCain, bien Obama.


 


Sin embargo, por mucho que Morales o Ahmadineyad se esmeren en descalificar al sistema político norteamericano, no podrán ocultar por más tiempo los problemas domésticos y regionales que afrontan.


 


Con respecto a los primeros, Bolivia tiene una sociedad cada vez más bipolarizada y enfrentada. Las propuestas políticas del gobierno son antagónicas con respecto a las de la oposición, a la cual  trata de ningunear y marginar del proceso político. Regionalmente, la situación está un poco mejor. La presencia en la zona de los Chávez, Correa u Ortega, garantiza siempre la repercusión mediática y el aplauso incondicional al mensaje que lance el líder del Movimiento Hacia el Socialismo.


 


Ahmadineyad, pese a su altanería verbal, tampoco puede presumir de tener satisfechos a sus compatriotas. Sus reiteradas burlas a occidente no solucionan las necesidades básicas, especialmente las económicas, de los suyos. Las restricciones de las libertades que hace frecuentemente, tampoco.


 


En su entorno geográfico más cercano, la evidente mejora de las relaciones entre Israel y Abbas, puede poner al descubierto las tendencias desestabilizadoras de Teherán, basadas esencialmente en el patrocinio de grupos terroristas como Hamas y Hezbolah.


 


El respeto mutuo, casi admiración, que se profesan Morales y Ahmadineyad es un elemento que pasa desapercibido para sus respectivas sociedades. Éstas preferirían que ambos se centraran en poner fin a los eternos déficits estructurales, los cuales avanzan de forma directamente proporcional a las ansias de protagonismo de este binomio tan sui géneris.


 

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