“En las mentes de espectadores y gobiernos de todo el mundo, aquéllos que lideraban a las masas merecerían ser los nuevos líderes del Líbano. Por tanto, Hariri, el hijo del líder asesinado, y Walid Jumblat fueron proyectados por los medios como los nuevos líderes de la oposición anti-Siria”.
Democracia
La última ronda de
elecciones legislativas terminó ayer en el norte del Líbano, poniendo fin a un
proceso de un mes de duración que dio al país una nueva asamblea de 128
miembros, según la constitución del Líbano y sus diversas leyes electorales
discutidas. Aunque no hubo violencia directa y visible que estropeara las cuatro
rondas, muchos aún en Occidente, incluso dentro de los círculos que apoyaban la
“Revolución de los Cedros”, luchan por entender los resultados electorales
libaneses: uno tiene que admitir que son muy complejos. Por resumir, hay dos
análisis, macro y micro.
El
macroanálisis
Este análisis, que simplifica los
resultados, tiene en consideración la información de los medios globales y las
cifras en bruto. Según los datos de vuelta y las afiliaciones de los partidos,
la “oposición nacional libanesa”, liderada por Saadeddine Hariri, logró 72
escaños, una mayoría clara para formar el próximo gobierno. Esta alianza incluye
también a Jumblat, líder del Partido Socialista (14 escaños), al Partido de las
Fuerzas Libanesas del líder encarcelado Samir Geagea (6 escaños), a la
agrupación de Qornet Shehwan (3 escaños) y a otros aliados. La macropercepción
de esta nueva mayoría afirma que la “oposición” al gobierno de dominio sirio ha
ganado las elecciones eficazmente, y en consecuencia cambiado al Líbano del
régimen Baaz a una esfera moderada pro occidental.
El macroanálisis se basa en las
“imágenes” proyectadas fuera del Líbano desde el asesinato del ex primer
ministro Rafiq Hariri, allá por febrero. Los sucesos rápidos y convulsionados
mostraron a decenas de miles de libaneses tomando las calles para protestar
contra la “dominación siria.” La culminación de las manifestaciones populares
con el millón de hombres y mujeres reunidos el 14 de marzo proyectó
(correctamente) un enorme ímpetu en favor de la “Revolución de los Cedros”. En
las mentes de espectadores y gobiernos de todo el mundo, aquéllos que lideraban
a las masas merecerían ser los nuevos líderes del Líbano. Por tanto, Hariri, el
hijo del líder asesinado, y Walid Jumblat fueron proyectados por los medios
como los nuevos líderes de la oposición anti-Siria. La totalidad de los
restantes grupos que participaron en la marcha fueron definidos como “los
otros”. Por lo tanto, lógicamente, cuando las listas de Hariri logran la mayoría
numérica, la percepción es que ganaron los anti-sirios.
El macroanálisis destaca
que Hezbolá logró 14 escaños, y que su aliado chi´í Amal obtuvo 15. Cuenta
con que un Hariri pro Estados Unidos contenga a la organización pro-iraní en el
parlamento como preludio a un desarme potencial. También destaca que el ex
general cristiano exiliado Michel Aoún obtuvo 21 escaños, el bloque cristiano
más grande del parlamento. Los medios internacionales y sus opositores le
etiquetaron como “divisor”, puesto que no se unió a las listas nacionales de
Hariri. Tras quince años de ser un firme anti-sirio, la máquina mediática de
Hariri le transformó en “un aliado de los sirios”. Se le evitó porque tenía en
sus listas a ex políticos pro-sirios, igual que muchos líderes iraquíes
nombraron a ex baazistas en Irak.
En el macroanálisis final,
la
Revolución de los Cedros ganó, empezando en
la
Plaza del Mártir y terminando en
la Plaza
Nejme (la localización del parlamento
libanés).
El
microanálisis
Pero otra lectura más experta de
las elecciones libanesas pinta una imagen distinta. El laberinto libanés es
notorio por sus complejidades, a menudo demasiado simplificadas por los
observadores, o deformadas para encajar en los intereses apremiantes del mundo.
En este caso, aunque sabemos seguro que la
Revolución de los Cedros reunió a cerca de
un millón y medio en el centro de Beirut el 14 de marzo, un momento histórico
televisado que movió la presión internacional para evacuar el ejército sirio,
aún no estamos seguros de si la alianza parlamentaria emergente cumpliría los
“objetivos” de la revolución. He aquí por qué:
En el Beirut multirreligioso, sólo
votaron el 23% de todas las comunidades. Solamente el 10% de los cristianos –
los principales soldados de a pie en la manifestación del 14 de marzo –
depositó sus papeletas. La lista de Hariri ganó. Sin embargo, en el sur y
en el Bekaa, Hezbolá desbordó los escaños. Los chi´íes moderados fueron
obstruidos por los poderes financieros y las milicias de seguridad. En el Monte
Líbano, el corazón de los cristianos, Michel Aoún se llevó casi todos los
escaños, indicando que la voluntad colectiva de los anti-sirios más acérrimos
votó a sus listas, incluso aunque no era parte de la oposición “oficial”.
Finalmente, en el norte, la mayoría de los cristianos votó a Aoún, excepto
en la ciudad natal de Geagea. Pero debido a las leyes electorales del Líbano, el
norte cayó en manos de Hariri, gracias a más de 25.000 votos sunníes wahabíes,
respaldado por los saudíes. Si, es muy complejo.
En el análisis final, el nuevo
mapa político del Líbano queda como sigue:
1. El líder sunní pro-saudí Hariri
es el número uno, flanqueado por el líder druso antiamericano Walid Jumblat.
Ambos tienen el control del legislativo hoy, mientras estén respaldados por un
número más reducido de legisladores cristianos que históricamente son
anti-sirios, pero que se han unido a la alianza para lograr agendas más
inminentes.
2. El Hezbolá pro-iraní y su
aliado pro-sirio Amal son los segundos: en sus filas, los restos del régimen
pro-sirio. Controlan la mayor parte de los escaños chi´íes y pueden y sumarán
sus escaños a cualquier gobierno que les proteja de la implementación de
la
UNSCR 1559, que pide su desarme. Pero
continúan siendo un aliado estratégico de Siria y continuarán oponiéndose a toda
política de Estados Unidos.
3. Michel Aoún, históricamente
anti-sirio, con la mayoría de los diputados cristianos. Habla de desarme de
Hezbolá, ha presionado en favor de la Syria
Accountability Act en Washington, pero considera
terminada la confrontación con Siria.
De ahí en adelante, empieza el
laberinto: Quién es pro americano, antiamericano, anti Hezbolá, pro sirio, pro
wahabí, pro iraní, izquierdista etc. éste es el laberinto. Ahora que las
elecciones han terminado, la cuestión real en Washington hoy es: quien está con
nosotros para implementar los segmentos siguientes de la
UNSCR 1559 y quién está contra ello. Lo
sabremos muy pronto.
El Dr Walid Phares es asociado de
la
Fundación para Defensa de las Democracias
en Washington y es profesor de Estudios de Oriente Medio.