Llegaron los tan esperados comicios municipales venezolanos. Conocidos los resultados, podemos extraer algunas conclusiones y realizar determinados análisis de cara al futuro. Chávez ha ganado…aún así, hay razones para la esperanza en el país caribeño.
Editorial
El 23N no ha producido un giro de 180 grados del mapa electoral venezolano pero sí una suerte de dualidad entre zonas industriales vs rurales. Asimismo, el hecho de que la oposición haya logrado vencer en Zulia y Nueva Esparta, habla muy a las claras de por dónde van las preferencias de una buena parte del electorado de este país. Caracas tampoco es de Chávez. Ni Miranda.
Debemos felicitar al pueblo venezolano, en primer lugar, por su alto porcentaje de participación. Eran conscientes de la importancia de estos comicios. Más allá de la elección de sus alcaldes, había un segundo tema en disputa tan importante o más, pues Chávez las había planteado como un plebiscito a su liderazgo y proyecto político.
No podemos decir que el caudillo de Caracas haya sido el gran derrotado, puesto que ha ganado en 17 Estados. Son unos buenos resultados, aunque peores que en 2004, cuando ganó en 20. Esta es una de las razones para el optimismo. Su proyecto de centralización se erosiona por dentro (que la disidencia en el seno de su partido aumenta es un hecho incuestionable) y por fuera, pues sus compatriotas no ven con agrado como sus libertades menguan mientras la inseguridad ciudadana aumenta.
La reacción de la dupla Chávez-Muller, afirmando que sus compatriotas avalan el avance al socialismo, debemos ponerla en cuarentena. Las zonas rurales, a las que el bolivariano puede convencer de las bondades de su proyecto a través de las “misiones”, son las que se han decantado por él. El propio Presidente sabe que va a tener que gobernar contando con que los Estados más poblados no apuestan por sus ideas (liberticidas).
Por último, loar el ejemplo de civismo que ha dado este pueblo. Las declaraciones y “promesas” incendiarias de su presidente han tenido como respuesta un comportamiento ejemplar a la hora de votar y de aceptar el veredicto de las urnas, ajeno al cualquier manifestación contraria al buen orden público. En el continente latinoamericano deberían tomar buena nota.
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