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Reafirmación gratuita del poderío ruso en el espacio ex soviético

La agresión rusa a Georgia de estos últimos días ha reflejado el deseo de hegemonía política y estratégica del Kremlin en la región caucásica. La ofensiva militar desatada por Moscú en defensa de Osetia del Sur así lo ha demostrado.

Editorial
Rusia venía avisando desde tiempo atrás que no dudaría en utilizar la fuerza armada en caso de los ciudadanos surosetios sufrieran algún tipo de amenaza o coacción por parte de Georgia. A la más mínima oportunidad, ha dejado claro que no se trataba de un farol.

Consolidada como fortaleza económica, aunque en las antípodas del modelo de democracia liberal y capitalista, Moscú necesitaba dar un golpe de efecto que hiciera ver a la comunidad internacional que aunque ya no existe la URSS, su poderío permanece intacto.

Durante 2008 el orgullo de Putin se había visto dañado: primero Kosovo, después el deseo de Ucrania y Georgia de integrarse en la OTAN o el escudo antimisiles… habían debilitado la capacidad de influencia rusa.

El hecho de que se trate de un gobierno como el de Saakashvili, pro- Alianza Altlántica y pro-occidental, ha ofertado un doble motivo para que el ex miembro del KGB no haya escatimado esfuerzos en intervenir. Devastación territorial y masacre en vidas humanas han sido las consecuencias que ha dejado.

A todo ello hay que unir que Rusia, cuando ha decretado el fin de la operación para imponer la paz (forma retórica y pedante bajo la que ha querido maquillar la agresión) no lo ha hecho de forma inmediata tras exigírselo la comunidad internacional. Nueva postura desafiante del binomio Putin-Medvedev.

La OTAN, la UE, Estados Unidos…se han alineado durante estos días con Georgia, más de formal verbal y retórica. Han condenado la desproporción de la respuesta rusa, pero poco más. El mayor apoyo a los georgianos ha procedido de los ex satélites soviéticos, en especial de los países Bálticos, Polonia y Ucrania, históricamente buenos conocedores de que las apetencias expansionistas moscovitas no tienen fecha de caducidad.

Por último, hemos echado en falta en lo que a España se refiere, una reacción de condena por parte de aquellos grupos u organizaciones representantes de la izquierda radical. Ninguna manifestación en defensa del pueblo georgiano y en contra del neoimperialismo ruso han realizado. Parece que su discurso pro derechos humanos, aspirante a monopolizar conceptos como paz o libertad, sólo sale a relucir cuando el supuesto victimario es Estados Unidos.

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