Uncategorized

Reivindicación del Atlantismo

Hoy se celebra en Madrid el III Foro Atlántico. Es una buena oportunidad, con un plantel de conferenciantes brillantísimo, de reflexionar sobre las relaciones trasatlánticas.

Editorial
 Normalmente, en las relaciones internacionales, equivocadamente, se usa este término para referirse a las relaciones entre Europa y EE.UU. Pero el atlantismo ha de ser integral, es decir, las relaciones entre los dos grandes continentes que se encuentran a los dos lados del Atlántico y que históricamente han estado vinculadas durante siglos, al menos los últimos cinco de la historia de la humanidad.

En los últimos años, Europa, en su afán de hacer de contrapeso a EE.UU. -fórmula que nos hace aún más dependientes de los norteamericanos- en vez de colaborar en una misma dirección, aunque cada uno a su manera, ha establecido una falsa antinomia entre europeísmo o atlantismo.

Ambas dimensiones son esenciales en la política internacional de la UE y contraponerlas, además de ser un suicidio, es una traición a la dimensión histórica, cultural e incluso a los propios intereses de la UE. De ahí, que no hayan faltado voces, ya de manera no disimulada, que anuncian el progresivo papel decadente de Europa en el panorama internacional en beneficio de las nuevas potencias emergentes asiáticas. Robert Kagan, ya ha expuesto crudamente porqué habrían los EE.UU. de seguir pendientes de Europa cuando cada vez tiene menos peso económico, demográfico, militar etc y los nuevos retos se sitúan en el eje Asia-Pacífico. No faltan defensores tampoco, al otro lado del Atlántico, de superar la estrecha relación tradicional entre Europa y el continente americano (nuevas alianzas de Chávez con Corea, China…). O Europa deja de mirarse al ombligo y vuelve su mirada de nuevo al Atlántico o se quedará en el vagón de los rezagados en el futuro próximo.

España, desgraciadamente, está atrapada en esta falsa disyuntiva con el Gobierno socialista y ha caído en la trampa. Como siempre, una vez más, una visión fuera de lugar y anacrónica. Si los europeos quieren seguir influyendo en el mundo, no pueden dejar de mirar a América y el enorme océano que nos separa.

// OTROS TEMAS QUE TE PUEDEN INTERESAR

// EN PORTADA

// LO MÁS LEÍDO

// MÁS DEL AUTOR/A

Menú