Europa, Pensamiento y Cultura

Religión y Toros en Antonio Elorza

Apela Elorza a la Religión y bajo el paraguas de la doctrina de la no violencia nos apremia, en un contrasentido poco afortunado, a la belicista “batalla contra la tauromaquia”

Leía el domingo el artículo de Antonio Elorza, “Pan y Toros”. Elorza me resulta agradable y a veces hasta próximo. No le conozco, pero es amigo de buenos amigos. Su pluma es fácil y amplia su cultura. Su verbo y expresión tranquila en las tertulias de la tele parecen indicar que lo que dice nace de convencimientos dictados de una conciencia independiente. Si un pero se le pudiera poner, es que últimamente viene defendiendo la razón de sus razones como si otras no pudieran existir. Será que la crisis circundante está llamando a todo el mundo a filas.
 
Nos recuerda Elorza manifiestos de juventud cuando era la Razón argumento clave que desautorizaba a las corridas de Toros y eran los españoles ilustrados y  “razonantes” los que razón tenían en su condena de una fiesta que consideraban una “barbarie ritualizada y una expresión de la España tradicional que se niega a entrar de veras en la era de la razón”.
 
Los taurinos citan sus argumentos de autoridad: Goya, Picasso, Lorca, Miguel Hernández, Hemingway , Alberti…Los antitaurinos los suyos: Lope de Vega, Quevedo, Larra, Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, Benavente, Miguel Delibes… A nadie se le escapa que entre los primeros hay reconocidos y magníficos hombres de izquierda y de derechas entre los segundos. Están mezclados en cualquier caso. Antes de la dictadura había también Toros y siempre la Fiesta ha tenido defensores y detractores entre los españoles. Es seguro que esto era ya así en sus primitivos orígenes.
 
Cita también Elorza sus argumentos de autoridad para los taurinos y los antitaurinos: El Sol y las viñetas de Bagaría, un novelista republicano al que llama xenófobo, Savater y su manifiesto castizo y se desliza a comparar los Toros con la caza del zorro que tanto le gustaba a Engels o el Boxeo de Cassius Clay, a los gladiadores viejos y nuevos. Nos habla de sangre en la arena para apaciguar a las masas.
 
Pero no hay argumentos políticos ilustrados en las razones últimas de Elorza para oponerse a los Toros. El suyo es ahora una proclama en contra de la violencia de los humanos para con los animales. La Fiesta de los Toros es “la parte visible de un iceberg: la actitud depredadora del hombre sobre el mundo animal y sobre el medio físico”. Reclama entonces “una profunda revolución cultural, nada arcaizante, rigurosamente humanista” y pide que la prohibición de los Toros sea el primer paso para ello.
 
Apela Elorza a la Religión y bajo el paraguas de la doctrina de la no violencia nos apremia, en un contrasentido poco afortunado, a la belicista “batalla contra la tauromaquia”. Evoca Antonio Elorza a budistas y jainistas para cerrar sus argumentos en favor, como ellos, de un nuevo “orden moral fundado sobre el reconocimiento de que nuestra propia vida depende de preservar el mundo animal y la naturaleza”. Es el mandato universal del Ahimsa: “no matar un ser vivo”. Así nos lo cuenta. Tan bonito y respetable y al tiempo tan contradictorio y discutible.
 
A los buenos aficionados les espanta la crueldad y el mal hacer de toreros y cuadrillas. Los buenos aficionados premian el valor, la inteligencia y lo que llaman “arte” y castigan la torpeza, las bufonadas o el arrojo tonto de alocados maletillas. Hay entre la terrible y violenta especie humana ganaderos que tratan bien a los animales que nos sirven de alimento y agricultores que les cantan a sus hortalizas y repollos y que son también seres vivos que sienten dolor y sufren con las heladas, el granizo y al ser apartados de la mata o arrancados de la tierra.
 
No quiero llevar los argumentos de Elorza al absurdo, que me parecen muy respetables, pero creo que tiene el tema trampa aunque no se muy bien cual.  En España cuando alguien ha estado bien en cualquier cosa se le dice: ¡Qué arte tienes maestro! Se le dice a futbolistas y fontaneros, pintores de brocha gorda y actores, políticos y taxistas, tontos y sabios…Será por algo.
 
La fiesta de los Toros en España, de Norte a Sur y de Este a Oeste, y en Francia, cerca de Cataluña y en América Latina, en no pocos países, es una manifestación cultural propia y singular que nació libre y sobrevive por ello. Es cultura y arte libre y popular que ha engendrado bellísimas manifestaciones del talento creador y también chapuzas horrendas. Puede gustar o no, puede protegerse o no, pero no se puede prohibir por iluminados dogmas y/o las razones de la Razón.
 
Cultura y Religión no pueden prohibirse por más que se haya intentado con suprema violencia y en el olvido de la historia están las manifestaciones culturales impuestas y también las religiones impuestas. Es al menos lo que pienso y no aspiro a tener razón y tampoco a nadie convencer. Por cierto, lo del “nuevo orden” me da escalofríos cuando recuerdo que las humanas masacres ocurridas en la vieja Europa del cercano siglo XX lo fueron ambicionando eso mismo.

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