Editorial
Oveja muerta”, reza el antiguo adagio castellano. Nada bueno podía salir de la reunión que desde el 28 de abril tuvo lugar en La Habana entre Castro, Chavez y Morales para celebrar el primer aniversario de la ALBA (Alternativa Bolivariana para las Américas), que es una especie de comunismo reformulado en términos autóctonamente sudamericanos.
Y ahí tienen el resultado: gas y petróleo son los primeros en ser nacionalizados.
Aquí hay que tener en cuenta dos cosas: que lo hacen (Chavez y Morales) como una parte esa política socialista al más puro estilo soviético (de nacionalizarlo todo); y que lo hacen con un claro objetivo geoestratégico de contraponer su poder al del gigante sediento de petróleo por excelencia: EE.UU.
Los más perjudicados de por este tipo de políticas serán, aparte de las empresas (entre ellas la hispano-argentina Repsol YPF, pero también la brasileña Petrobras), los ciudadanos de a pie, porque lejos de beneficiarse de dicha nacionalización (de la que sólo se beneficiará el nuevo populista Morales y sus más allegados), y sufrirán la fuga de otras empresas ante la falta de seguridad jurídica del país.
¿Qué empresa se arriesgará a invertir allí, viendo que nada más anunciar el “Decreto Supremo” las acciones de Repsol YPF han caído más del 2%?


















