Oriente Próximo, Política

Revoluciones Árabes

Espero que a nadie se le ocurra añadir más sufrimiento con descabelladas opciones militares

Ningún experto pudo anticipar lo que está sucediendo en el Magreb y Oriente Medio. Sin embargo, análisis sobre el devenir de las dictaduras teocráticas en el Mundo Árabe hay muchos y también sobre los riesgos latentes que implican la ausencia de libertades y derechos y su más que evidentes consecuencias: la corrupción y la pobreza.
 
Escucho a la secretaria de estado norteamericana, Hillary Clinton, decir en Ginebra ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU -al que pertenece la Libia de Gadafi- que el dictador ha perdido su derecho a gobernar. Me pregunto si alguna vez tuvo algún derecho a ello. Clinton habló de ayudar a que se produzca una transición hacia la democracia “verdadera”, pero creo que tiene una particular visión de lo que es la democracia y la aplica según conviene a su interés político.
 
En el emotivo alegato de Clinton pude oír también que lo que impulsa ahora a los pueblos árabes a sublevarse “no son los valores occidentales sino los ideales universales”. Pienso que esos ideales universales son precisamente consustanciales a Occidente y a la Democracia. Parece que seguimos en lo políticamente correcto. Seguimos en las palabras calculadas para agradar a quien nos escucha y recuerdo, entonces,  el “histórico” discurso de Obama en la Universidad de El Cairo en Junio de 2009. El de la reconciliación entre el Islam y Occidente.
 
No se en que acabará todo. No se si en esos países se alcanzará la democracia o arreciará el fundamentalismo islámico. Se que hay muchas personas sufriendo y muriendo. Se que antes de estas “revoluciones” había muchas personas perseguidas, sufriendo y también muriendo. Sufren en Libia y también en Irán. Y hasta en China, Cuba y Venezuela sufren. ¿Venezuela, Cuba? Si. También en Venezuela y Cuba, el sátrapa libio tiene poderosos amigos.
 
Espero que a nadie se le ocurra añadir más sufrimiento con descabelladas opciones militares. Espero que esa comunidad internacional, renqueante y adormilada en las buenas intenciones, reaccione a tiempo. Y espero que, después, algunos tomen nota de sus fantasías buenistas y empiecen con rigor a defender la libertad de las personas todas y en cualquier lugar del mundo.
 
Y si quieren, ahora, que la democracia tenga opciones, algunos deberían hablar menos y sobre todo,  deberían callar esos a los que nos les importan las represiones discretas, las de cada día, y se desperezan alocados cuando la violencia invade los telediarios.

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