El aumento de los intercambios comerciales ha provocado que el Kremlin haya decidido apartar sus diferencias con China devolviéndole las islas Tarabarov y Bolshói, que estuvieron a punto de provocar una guerra entre los dos países a finales de los sesenta.
Gracias al aumento del comercio
El canciller chino, Yang Jiechi, y su homólogo ruso, Sergei Lavrov, firmaron un protocolo por el que se le entregan a China 300 kilómetros cuadrados de territorio. Pero el tamaño es lo menos relevante para un pueblo tan nacionalista como el chino, que considera que la Unión Soviética les humilló quitándoles esas islas aprovechando su guerra civil.
Mediante el protocolo, Rusia devolverá a China dos islas que se convirtieron en territorio soviético en 1929, las de Tarabarov y Bolshói, en el río Amur, que forman parte de una frontera de más de 4.300 kilómetros cuadrados que se ha convertido en el escenario natural de los intercambios comerciales de dos países que tienen mucho en común.
China necesita el petróleo y el gas rusos y Rusia cree que la expansión de sus empresas en suelo chino mejorará su competitividad y apuntalará su liderazgo. El aumento de los intercambios comerciales entre estos dos países, que comparten una experiencia comunista y su reciente transformación en economías de mercado, ha hecho que las relaciones hayan mejorado hasta llegar al punto de la entrega de las islas.
El comercio entre los dos países favoreció que en 2004 se firmara un acuerdo fronterizo con motivo de la primera visita del ex presidente Vladimir Putin a China. Desde entonces, los intercambios se han intensificado con fuerza.
La frontera entre ambos países fue motivo de conflictos desde que los zares rusos y los emperadores chinos, pero su momento más tenso, en el que podría haberse producido una guerra entre los de las mayores potencias del mundo se produjo en plena guerra fría, a finales de los sesenta.
Los enfrentamientos entre los dos fueron utilizados por la administración del presidente estadounidense, Richard Nixon, para atraer a China a su esfera de influencia. Algo que, según los expertos consultados, se convirtió en uno de los factores más determinantes de la victoria americana en la guerra fría.
Con el protocolo firmado por Yang Jiechi y Sergei Lavrov, la nueva frontera entre Rusia y China queda delimitada en la isla de Bolshói, en la cuenca superior del río Argún (región de Chitá), y en los islotes de Tarabarov y Gran Ussurisk.
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