Editorial
El canciller cubano, Felipe Pérez Roque, negó que Fidel Castro haya querido dar un “desplante” a las autoridades españolas al no asistir a la XV Cumbre Iberoamericana, que se celebra en Salamanca, y advirtió de que “nadie en el mundo” puede arrestar al gobernante cubano “alegremente”, en referencia a la intención de grupos de exiliados de presentar una demanda en la Audiencia Nacional española por “delitos de lesa humanidad”.
Además, según el funcionario, no se puede comparar al chileno Augusto Pinochet con Castro. “Hablamos primero de un dictador sangriento y corrupto y, en el otro caso, hablamos de un líder revolucionario que levanta apoyos y simpatía, incluso en España, visto el interés y la simpatía con la que aquí se le estaba esperando”, dijo. “No hay en el mundo quien sea capaz de arrestarle tranquilamente a Fidel”, añadió.
Lamentablemente hay que decir que la arrogancia de Pérez Roque está autorizada por esta decepcionante Cumbre Iberoamericana que en lugar de clamar por las víctimas de la represión castrista y encarrilar el camino de Cuba hacia la democracia se ocupa de pedir casi al unísono «el fin del bloqueo» de EEUU y la extradición del anticastrista Luis Posada Carriles. No sorprende visto los logros de esta Cumbre el tono jactancioso del canciller Pérez Roque al alabarse así mismo de haber logrado «una clara señal de apoyo a la lucha del pueblo cubano».
En el texto aprobado ayer a favor del fin del embargo, se reafirma la «defensa del libre intercambio y de la práctica transparente del comercio internacional», y se califica de «inaceptable» la «aplicación de medidas coercitivas unilaterales que afectan al bienestar de los pueblos y obstruyen los procesos de integración». Se rechaza «enérgicamente» la aplicación de «leyes y medidas contrarias al derecho internacional como la Ley Helms-Burton» y se exhorta «al Gobierno de EEUU a que ponga fin a su aplicación».
En efecto, y a pesar de la ausencia de Castro, esta Cumbre parece hecha a medida de la izquierda setentista latinoamericana. El arcaico y despótico régimen castrista se siente protegido en Salamanca por un Gobierno español complaciente con las exigencias del mesianismo radical de Castro. (“Voy a seguir sin conocer a Fidel Castro”, se lamentaba Zapatero al saber del nuevo desaire de su idolatrado ídolo de juventud). Más aún, en Argentina, ya se habla de que Kirchner sólo vino a cerrar un acuerdo para Aguas Argentinas con capitales españoles impulsado por el presidente español, hospitalario huésped en Europa de los rocambolescos personajes del populismo latinoamericano.
La Cumbre Iberoamericana corre el riesgo de ser otro ominoso traspié en la política exterior española, otro agasajo a caudillos autocráticos y una reverencia más a Castro. Mientras presidentes respetables y serios como Lagos y Uribe son ignorados y pasan desapercibidos, la cumbre orquestada por Zapatero recita las proclamas sesentayochoístas ante el asombro y desconcierto de la comunidad internacional. Con esta irresponsable conducta de Zapatero, abucheado y con motivo a su llegada a Salamanca, la falta de credibilidad del gobierno de España sigue en aumento.
// OTROS TEMAS QUE TE PUEDEN INTERESAR


















