La hipertensión entre los Estados Unidos y Venezuela ¿afectará el “proceso de normalización” de la relación bilateral entre los Estados Unidos y Cuba?, ¿impactará adversamente en los esfuerzos que Cuba está realizando para que los Estados Unidos la excluya de la “lista de países que exportan terrorismo”?
El presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, acaba de definir por decreto a Venezuela como “amenaza para la seguridad nacional” norteamericana. Esta medida coloca a Venezuela en la misma categoría que Irán o Siria. Y hace posible nuevas sanciones “personalizadas”, adoptadas contra un grupo de altos funcionarios venezolanos que incluye a importantes mandos militares. Entre ellos, al General Gustavo González López, a quien Nicolás Maduro -en actitud desafiante- acaba de designar como nuevo Ministro del Interior de Venezuela.
La medida adoptada por el gobierno de los Estados Unidos denuncia que la relación bilateral con Venezuela atraviesa un momento delicado. Mientras tanto, Maduro culpa a los Estados Unidos de todos los males que son de su autoría personal, que han llevado a Venezuela a un estado de tensión y fragilidad social pocas veces visto. Es obvio, entonces, que Maduro utiliza a los EE.UU. como “cortina de humo” y que la conocida tendencia latinoamericana hacia aceptar las excusas fantasiosas estimula a Maduro a continuar acusando a otros de aquellas desgracias de las que es directamente responsable.
La primera reacción de Maduro fue la de enviar a la Asamblea Nacional un proyecto de ley para “preservar la paz en el país”. De este modo busca fortalecer su “capacidad de represión” en su propio país. Especialmente respecto de las protestas sociales, que han crecido enormemente al compás de la escasez de todo.
Pero hay una pregunta más, que cabe formular. La hipertensión entre los Estados Unidos y Venezuela ¿afectará el “proceso de normalización” de la relación bilateral entre los Estados Unidos y Cuba? Dicho en otras palabras, ¿impactará adversamente en los esfuerzos que Cuba está realizando para que los Estados Unidos la excluya de la “lista de países que exportan terrorismo”?
¿Por qué esta pregunta? Porque Cuba tiene una enorme influencia en Venezuela. Aunque Venezuela sea nueve veces más grande que Cuba, con una economía que equivale a cuatro veces la cubana. Cuba domina -a voluntad- al gobierno venezolano de Nicolás Maduro. Es co-responsable de sus acciones. Como ha dicho Moisés Naim: “hay funciones cruciales del estado venezolano que han sido delegadas a funcionarios cubanos o son directamente controladas por La Habana”. Situación que el régimen cubano “conquistó sin un solo disparo”. Es así.
Para Cuba, la ayuda venezolana es vital. Sin ella, su economía puede colapsar. Por esto su interés en mantenerse cerca de Maduro, asegurando que éste se sostenga en el poder. El petróleo subsidiado que Cuba recibe constantemente de Venezuela es la sangre que la mantiene viva. Funcionarios cubanos controlan las escribanías y los registros civiles en Venezuela y supervisan los sistemas informáticos de la administración nacional, de la policía y los servicios de seguridad, y de la petrolera PDVSA. A lo que cabe agregar que ya en el 2007 Cuba se jactaba de tener más de 30.000 “cederristas” en Venezuela Esto es 30.000 miembros de los “Comité de Defensa de la Revolución de Cuba”. Personal entonces entrenado en reprimir con violencia.
Hoy los asesores cubanos son una pieza esencial en el manejo de la administración pública venezolana, generando dependencia de Venezuela hacia Cuba.
Los cubanos -por lo demás- han entrenado a grupos paramilitares de choque venezolanos. Los han instruido en las distintas formas de utilizar la violencia. Si, de pronto, hubiera enfrentamientos internos en Venezuela, los cubanos tendrían un rol esencial en el manejo de los mismos.
El general retirado venezolano Antonio Rivero, hoy exiliado en los Estados Unidos, estima que hay no menos de 20.000 cubanos con entrenamiento militar en tierra de Venezuela. Se trata de personal entrenado en manejar y utilizar la violencia, camuflado bajo el disfraz de trabajadores extranjeros.
Al propio tiempo, los militares venezolanos han recibido entrenamiento sobre el uso de la fuerza pare preservar el orden público interno. Los manuales y documentos son de origen cubano.
Por esto la recurrencia a una posible “intervención extranjera” es constante. Esa acusación apunta tanto a colombianos como a norteamericanos. Desde el 27 de enero pasado, los soldados venezolanos han sido autorizados a utilizar sus armas para “controlar” manifestaciones públicas, facultad que ha despertado naturales las protestas de las organizaciones no gubernamentales de derechos humanos. Se ha edificado un “modelo de control militar sobre el orden público”, que incluye el uso de armas letales.
Si -de pronto- hubiera una guerra interna asimétrica, las fuerzas armadas venezolanas están ya entrenadas y listas para ella. También los medios de comunicación masiva de que dispone un gobierno que ha ahogado la libertad de prensa pueden ser utilizados de inmediato, si de pronto aparece una “conmoción interna”. La presencia de asesores cubanos en las fuerzas armadas venezolanas es absolutamente notoria. Se ocupan de lo que se ha bautizado eufemísticamente como “el pensamiento y la doctrina militar bolivariana”.
Por lo antedicho, ante la ahora simbiosis que existe entre el poder militar cubano y el venezolano, así como entre los servicios de inteligencia de ambos países, resulta difícil separar a Cuba de Venezuela cuando de sembrar el terror o manejar las plazas y calles públicas se trata. Por esto, el aumento de las sanciones norteamericanas a Venezuela puede tener, de pronto, un “rebote inmediato” sobre Cuba y su poco transparente política exterior.
Mientras tanto, la oposición reaccionó a la perfección. En un comunicado especial dejó bien claro: (i) que Venezuela no es amenaza para ningún país. Pero que su gobierno es una amenaza para el pueblo venezolano; (ii) que (para los funcionarios corruptos del gobierno bolivariano sancionado por los EEUU) “esconderse detrás de la bandera para proteger una cuenta bancaria con fondos de la corrupción es inmoral”; (iii) que, rechazando la grosera injerencia cubana, no propicia, ni acepta, ninguna otra. Porque la suya “es una lucha de los venezolanos por Venezuela”. Y es así.
Emilio J. Cárdenas
Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas
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