Sarkozy no tiene una agenda liberal para la Unión Europea, al menos, bajo la presidencia francesa que comienza hoy. Según lo manifestado ayer en la cadena pública France 3 , quiere que el comercio no sea libre sino recíproco, que el Banco Central Europeo utilice la política monetaria para acelerar el crecimiento económico y que Europa aumente su autonomía energética con la ayuda del gasto público.
Empieza su presidencia de la UE
El comercio recíproco consiste en que los bienes que importe la Unión Europea deberían someterse a las mismas reglas medioambientales que los que producen los socios. Las emisiones de dióxido de carbono serían la unidad de medida para excluir o reducir la llegada de productos extranjeros. La industria tradicional, de metales pesados y química rudimentaria, es la que más contamina y en la que se han especializado los países en vías de desarrollo.
“Pedirle a Botsuana que tenga la misma eficiencia energética que Europa sin ofrecerles ninguna ayuda para que pongan a punto sus maquinarias es una excusa para proteger la industria europea sin mejorar el Medio Ambiente”, afirma un economista a Diario Exterior.
El presidente francés confía más en la intervención del Banco Central Europeo que en el aumento de la productividad de las empresas de su país. Según Sarkozy, es necesario que el Banco Central Europeo se dedique más al crecimiento que a los precios, es decir, que actúe como la Reserva Federal pero contradiciendo los estatutos que le obligan a ocuparse únicamente de la inflación. Según premios Nobel de economía, como Milton Friedman, rebajar el precio del dinero para aumentar la renta es una herramienta que sólo funciona a corto plazo, porque después de algún tiempo el mercado actúa como si nunca hubiese ocurrido. Las corporaciones son las únicas que pueden asegurar un crecimiento a largo plazo.
Sarkozy también piensa que las subidas del petróleo se pueden paliar con la bajada de los impuestos a nivel europeo. Reducir los impuestos sería una manera de subvencionar el consumo durante los próximos años y aumentar el gasto público sin hacer que los hogares y las empresas terminen de asumir que el crudo, como afirman los expertos, podría alcanzar, entre este año y el que viene, los 200 dólares.
Además, el petróleo podría no bajar demasiado durante los próximos años, a no ser que los países exportadores decidan poner más barriles en el mercado o que las medidas antiespeculación obtengan algún éxito.
Para bajar el precio del petróleo, además de la reducción de los impuestos, Sarkozy propone aumentar la dotación europea de centrales nucleares de última generación. Europa debería asumir el gasto de construir centrales nucleares para conseguir no depender de la energía que importa de otros países porque es más barata. No parece un ejemplo de liberalismo que se busque la autonomía energética a cualquier precio sobre todo si son las instituciones públicas las que tienen que pagarlo.
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