Escogieron a una veterana y cuestionable figura de la política local: al ex sub-oficial del ejército de su país, de 69 años de edad, Desiré Delano Bouterse, quien se impuso en los comicios obteniendo mayoría absoluta en el parlamento local.
Bouterse tiene su historia. No demasiado atractiva. Ni brillante. No es un recién llegado. Ni un desconocido. No obstante, créase o no, ha sido yapresidente pro tempore de UNASUR. Desde agosto de 2013 hasta diciembre de 2014, cuando fuera reemplazado en esa función por el ex presidente oriental José Mujica. Desde UNASUR, nos ha “representado” frente al mundo. Pese a que, como veremos, su persona tiene poco de mandatario ideal.
La reciente elección presidencial en Surinam fue relativamente normal. Pero el elegido no lo es. Hablamos de un ex dictador de perfiles turbios,que ha sido condenado judicialmente por su responsabilidad en quince asesinatos de opositores y por su relación con el narcotráfico. No es poco. Pero lo antedicho, de enorme gravedad, no ha impedido se predominio en el escenario político de su país, ni su actuación en nuestros organismos regionales.
Su partido, eufemísticamente llamado: “Partido Nacional Democrático”, acaba de obtener 27 bancas de las 51 totales que tiene la Asamblea Nacional de su país. Todavía Bouterse debe obtener el sí de otras siete bancas adicionales en el parlamento de Surinam, desde que su elección popular tiene que ser ratificada por los dos tercios de ese órgano. Si lo logra, podrá en más gobernar sin necesidad de coaliciones, con mayoría legislativa propia..
El clima político de Surinam no es propicio para los acuerdos entre los partidos políticos. Por ello,la ratificación parlamentaria puede demorar. Antes de la elección, el Poder Legislativo local, que sesiona en la capital, Paramaribo, estuvo paralizado por cuatro interminables meses. Y el país también. Como tantas veces.
La oposición, que concurrió a las urnas en una coalición integrada por seis distintos partidos, obtuvo esta vez 18 asientos parlamentarios. Ha aceptado su derrota. No obstante, deberá conformar la elección de un Bouterse triunfador, pero obligado a negociar.
Surinam pertenece a nuestra Sudamérica. Aunque suene como país lejano. Tiene unos 550.000 habitantes de habla holandesa y diversidad racial, desde que contiene grupos de ascendencia asiática, africana, indígena y europea. Es el segundo país con menos población de América del Sur. Curiosamente tiene un 14% de su población que profesa la fe musulmana.
Luego de ser ocupado colonialmente por los británicos y por los holandeses, obtuvo su independencia en 1975. Sólo cinco años después, el ex sargento Bouterse tomó el poder por la fuerza,derrocando al primer presidente democráticamente electo y, como dictador, se mantuvo en el sillón presidencial hasta 1987. Y luego, una vez más, entre 1990 y 1991.
En 1982, Bouterse reprimió una revolución en su contra y, en su reacción, asesinó nada menos que a 15 de sus líderes. Procesado que fuera en Holanda, fue condenado en ausencia a 11 años de prisión por tráfico de cocaína. Su hijo ha sido recientemente sentenciado a cumplir 16 años de prisión en los Estados Unidos, por tráfico de drogas, lavado de dinero y corrupción. De tal palo, tal astilla, aparentemente.
Por sus graves condenas judiciales, Bouterse tiene una orden de captura internacional que teóricamente le impide salir de su país. No obstante, aliado cercano de los bolivarianos, Bouterse parece poder circular por la región sin enfrentar mayores problemas.
En su propia casa, como en otros rincones de nuestra región, los votantes le perdonan todo. Como si las acusaciones que pesan sobre sus espaldas fueran cuestiones menores, sin mayor importancia. Esto sucede a cambio de programas sociales generosos, educación universitaria gratuita y viviendas para la gente de menores ingresos. La ignorancia hace el resto.
En una región como la nuestra, que ha dejado de defender a la democracia, a los derechos humanos, y a las libertades civiles y políticas, la presencia de Bouterse en la presidencia de Surinam no es sino consecuencia de la dosis de hipocresía que ha permitido que -a lo largo de la última década- esa defensa haya estado postergada y signada por declamaciones sólo retóricas y por una lamentable falta de convicción.
Quizás sea también por esto que el actual secretario general de UNASUR, el ex presidente colombiano Ernesto Samper, ocupa ese lugar. Pese a que no puede ingresar a los Estados Unidos, porque su campaña electoral recibió financiación del narcotráfico. Lo que no es un tema menor. Para los Estados Miembros de UNASUR, esa circunstancia no ha sido óbice para elegir a Samper al cargo apuntado. Lo que es toda una señal.
Los presidentes, claro está, no son impunes luego de finalizar sus mandatos. La condena a Charles Taylor a 50 años de prisión por sus crímenes en Sierra Leona así lo testimonia.
Salvando las distancias, la situación de Bouterse en nuestra Sudamérica nos recuerda a la del presidente de Sudán, Omar al Bachir, sobre el que -desde el 4 de marzo de 2009- pende una orden de arresto del Tribunal Penal Internacional por crímenes de guerra y lesa humanidad. Que no ha sido cumplida. Pese a lo cual, el mandatario sudanés viaja sin dificultades por el Continente Negro, como si esa orden no existiera.
En esto, queda visto, los países africanos tienen una conducta parecida a la de los sudamericanos. Como diría el ex presidente uruguayo, José Mujica, ocurre que en África, como en Sudamérica, “lo político tiene prioridad sobre lo jurídico”. Lo que es todo lo contrario al respeto a la ley y al “estado de derecho”.
Es hora de cambiar de actitud. Al menos en nuestro rincón del mundo. Por respeto a nosotros mismos no podemos volver a ser representados, como si nada pasara, por personajes con antecedentes realmente siniestros, como son los de Desiré DelanoBouterse. Para esto lo primero es animarse a llamar a las cosas por su nombre. Sin más silencios cómplices.
Emilio J. Cárdenas
Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.