Política

Se llamó Alissa Rosenbaum pero el mundo la conoció como Ayn Rand

Este año se celebra el nacimiento de una de las más grandes pensadoras liberales de todos los tiempos. Se llamó Alissa Rosenbaum pero el mundo la conoció como Ayn Rand, la mujer homenajeó con su obra al individuo, a la razón, a la libertad y a la búsqueda de la propia felicidad prescindiendo de la tutela del Estado. Su obra, alabada por personalidades como Alan Greespan o Milton Friedman, mantiene una vigente actualidad en lectura apasionadas de millones jóvenes de lectores de todo el mundo.

Centenario de Ayn Rand, defensora moral de la libertad

Juro por mi vida y mi amor por ella que jamás viviré para nadie, ni exigiré a nadie que viva para mí. 

                                                      (Ayn Rand)


 


  


Exiliada de la Unión Soviética, Rand llegó a EEUU huyendo de la colectivización y el aplastamiento de seres humanos a manos de los bolcheviques. Hablaba poco inglés pero es no le impidió ser una de las guinistas de Holywood más solicitadas y una novelista de fama mundial. Su tesón y su creencia sin fronteras en sí misma le permitieron erigirse en el mejor ejemplo de la filosofía que luego pregonaría: el objetivismo, la presunción de que los individuos –no sólo las mentes privilegiadas sino en especial el ciudadano de a pie- puede alcanzar la verdad objetivamente a través de la razón porque la realidad es lo que es.


 


Aristóteles básico


 


El objetivismo no es una secta sino una constatación. Aquella que cree en la fuerza del individuo como motor del éxito a través de la voluntad y el propio interés. En Rand, el egoísmo no es un pecado sino una virtud. Ayudarnos a nosotros mismos es la mejor manera de cooperar con los demás; por el contrario, sacrificándonos en el altar del altruismo, poco valor tendremos para los demás y alimentaremos las conductas más predatorias, malsanas y dependientes. Los héroes de las novelas de Rand no le deben a nada a nadie más que a sí mismos, han superado el soborno del Cielo, y defienden el derecho a la propiedad privada por cuestiones morales, éticas.


 


Nathaniel Branden, uno de sus más brillante discípulo, lo explica de esta manera:


“Vivimos en una cultura que enseña que la moralidad es el autosacrificio, la compasión y el servicio a los demás. No asociamos la moralidad con ambición, realización, innovación ni con las ganancias. Ahora llaman egoísta a quien hace lo que quiere en vez de hacer lo que nosotros queremos que él haga. Pero si comparamos el bien que logran los que sienten compasión por los demás con el logrado por aquellos que inventan y alcanzan éxito creando industrias y nuevos servicios, no hay duda de que los últimos han hecho mucho más por la humanidad. Uno de los grandes problemas que enfrenta la sociedad libre es la disonancia entre los valores que realmente mejoran el bienestar de la gente y las cosas que se enseñan como nobles y morales. Mientras exista tal incongruencia, la batalla por la libertad no podrá ser permanentemente ganada. En nuestro siglo hemos sufrido rebeliones virulentas contra los valores de la razón, objetividad, la ciencia, la verdad y la lógica de parte de filosofías como el postmodernismo, postestructuralismo, deconstruccionismo y el determinismo histórico. No es accidente que nuestros contrincantes son todos estatistas, pero si no se ejerce la razón lo que queda es la coerción.”


“No puede existir una cosa, legal o moral, que esté prohibida al individuo y permitida a la muchedumbre”, escribió en For the New Intellectual. Detestaba la pleitesía del individuo que se fundía en los mandatos de la masa y se negaba a sí mismo el derecho a vivir su propia vida. Ethos del individualismo traducido en una vida plena, alegre, ardiente, llena de ilusión y romanticismo y alejada del tutelaje regulatorio de la burocracia. No es un vivir desenfrendo sin reglas ni conducta sino un vivir vibrante, que no espera nada de la compasión y la solidaridad ajena.


 


Por esa razón sus novelas, como en Orwell, transcurren en escenarios grises, monótonos y colectivistas donde la vida se ordena y clasifica en archivos con clave de seguridad. El grado de deshumanización que Rand vio en el nazismo y el comunismo le sirvieron de escenografía para escribir mundo atroces donde la palabra “Yo” había sido olvidada (¡Vivir!, 1937), donde los profesionales talentosos y creativos eran absorbidos despreciados y humillados por el coraje de buscar sus propios valores y por la defensa de la integridad individual (El Manantial, 1942), hasta llegar a su obra cumbre, la voluminosa y apasionante Rebelión de Atlas, publicada en el año 1957 y que hoy es figura como uno de los libros más leídos de toda la historia.


 


“He destruido el monstruo que gravitaba como una negra nube sobre la tierra y ocultaba el sol a los hombres. El monstruo que estaba sentado en un trono, con cadenas en las manos, los pies sobre el pecho de un hombre, y se alimentaba con la sangre del libre espíritu humano. El monstruo de la palabra ´Nosotros´.” Vivir!, 1937)


 


La justificación moral del capitalismo


En la Rebelión de Atlas, Rand, además de describir al detalle los fundamentos objetivistas, declamados por su personaje más mítico, John Galt, hace una enérgica defensa de los valores morales del libre mercado   El capitalismo, sostiene Ayn Rand, es el único sistema que reconociendo la naturaleza “racional” del ser humano, y, por tanto, la “libertad” como exigencia de ésta, se fundamenta en la relación existente entre la inteligencia, la libertad y la supervivencia del hombre. Sólo en la sociedad capitalista los hombres gozan de libertad para pensar, disentir y crear; y fue esa libertad, señala la autora, la que permitió que el capitalismo superara a todos los sistemas económicos anteriores.


 Asimismo, sólo en esta sociedad en la que todas las relaciones son voluntarias, se reconocen y protegen los derechos del hombre, comenzando por el derecho a la vida y a la propiedad, sin los cuales ningún otro derecho se puede ejercer. En ello radicaría la justificación moral del capitalismo.


“Una sociedad que roba al individuo el producto de su esfuerzo, o lo esclaviza, o pretende limitar la libertad de su mente, o le obliga a actuar en contra de su juicio personal una sociedad que establece un conflicto entre sus leyes y los requerimientos de la naturaleza del hombre no es, hablando estrictamente, una sociedad, sino una chusma unida por leyes de pandilla institucionalizada.


Para Rand, el capitalismo no es glorificación de la bolsa de valores o la eliminación de aranceles: es el sistema social basado en el reconocimiento de los derechos individuales, lejos de ser un mero sistema económico, es un sistema de organización social y moral que se funda en el reconocimiento de derechos y donde el gobierno actúa para evitar el uso de la fuerza física de unos contra otros.


El fundamento moral del capitalismo es basar las relaciones humanas en actos contractuales y voluntarios, en intercambios de derechos de propiedad, donde los hombres son libres de cooperar o no; según le dicten sus propios intereses y su mutuo beneficio. Así se desmorona la idea de Bien Común, una mascarada constructivista utilizada que para unos opriman a otros imponiendo sus intereses, sus gustos y sus opiniones, evitando que los individuos piensen por sí mismos. Ética individual que fundamenta la naturaleza racional del hombre que le reconoce el privilegio de actuar cómo le dicte su razón y no la masa. 

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