Pensamiento y Cultura, Política

Gary Becker y su audaz propuesta para resolver la inmigración ilegal

EEUU tiene hoy siete millones de inmigrantes ilegales. Para frenar el influjo, una ley de 1986 autorizó a las autoridades federales incrementar el patrullaje fronterizo, multiplicándose por 6 su presupuesto. El Premio Nobel Gary.Becker propone instaurar un mercado de derechos de inmigración en donde el Estado anuncie cada año la venta de una cierta cantidad de visas o permisos de trabajo y que el mercado determine un precio de equilibrio a través de las pujas de los aspirantes a conseguirlos.

Por qué el Estado de Bienestar ha agravado el problema antes de resolverlo
Gary Becker es licenciado y Doctorado en Economía y en Sociología, Premio Nobel
de Economía en 1992 por su estudio de “Aspectos de la Realidad Social desde el
Marco Teórico de la Economía”. Fue docente de la Universidad de Columbia y en la
actualidad es Profesor de la Universidad de Chicago y es miembro Fundador de la
Academia Nacional de Educación de los EEUU.

Si las revoluciones del
siglo XIX nacieron en Europa, las de nuestro fin de siglo partieron de
California: mayo del ´68 se gestó en el campus de la universidad de Berkeley;
probando las teorías del caos, el aleteo de una mariposa culminó en un huracán
llamado mayo francés . En California también se inician las dos revoluciones que
dibujarán los noventa: la informática y la liberal. Respecto a esta última, Gary
Becker ha tenido mucho que ver.

En las aulas del Instituto Hoover de
Stanford, cerca de San Francisco, Milton Friedman y sus colegas George Stigler,
Martin Anderson, Thomas Moore y Gary Becker han inventado los nuevos conceptos
de privatización, el vale por educación, la desregulación, las tasas de cambio
flotante y el cobro por inmigrante. Todos estos conceptos han generado un
infinito debate económico y, quizá sea muy temprano juzgar a la derecha por una
serie de medidas que recién ahora muy tibiamente se han empezado a aplicar. De
lo que no cabría duda – y Becker sería un exponente en este sentido – es que la
derecha liberal se ha mostrado mucho más vigorosa para enfrentar los conflictos
de las sociedades post–capitalistas ante una izquierda anquilosada que no ofrece
soluciones de repuesto.

Becker inspira la misma imagen de aquel
personaje de Borges que decía que “los hechos son meros puntos de partida para
la invención y el razonamiento”. Este economista americano – ganador del Premio
Nobel en 1992 por sus teorías sobre el concepto de capital humano – circula por
los hechos haciendo gala de una visión economicista que luego transmuta en
humanismo. Cuando Becker comenzó a estudiar las sociedades del conocimiento
concluyó que su mayor tesoro era el capital humano que poseían, esto es, el
conocimiento y las habilidades que forman parte de las personas, su salud y la
calidad de sus hábitos de trabajo. El capital humano es importante porque la
productividad de las economías modernas se basa en la creación, difusión y
utilización del conocimiento. El conocimiento se crea en las empresas, los
laboratorios y las universidades; se difunde por medio de las familias, los
centros de educación y los puestos de trabajo y es utilizado por las empresas
para producir bienes y servicios.

Hasta el siglo XIX, la inversión
sistemática en capital humano no era importante para ningún país y los gastos en
educación, sanidad y formación eran irrisorios pero con la revolución científica
que se da a partir del siglo XIX la educación, el conocimiento y las habilidades
se convirtieron en factores decisivos para determinar la productividad de un
trabajador. Como resultado de esta evolución, el siglo XX, y sobre todo la
segunda mitad del mismo, es la era del capital humano, en el sentido de que un
factor condicionante primario del nivel de vida de una país es su éxito en el
desarrollo y la utilización de las habilidades, los conocimientos y los hábitos
de sus ciudadanos.

“Esta es la era de las personas”, afirma Becker. La
inversión en distintos tipos de capital humano como la enseñanza, la formación
laboral, la emigración a regiones y países donde las familias tienen mejores
oportunidades económicas, y la generación de buenos hábitos por medio del
trabajo ha sido infravalorada a causa de la escasez de datos cuantitativos sobre
su importancia. Según Becker, los éxitos económicos de los países asiáticos no
se explican sin una base de fuerza laboral bien formada, educada, trabajadora y
concienciada. El recurso natural más valioso para esos países fueron los
cerebros de los chicos de seis años. Si antes se consideraba que la prioridad
era el desarrollo económico y que luego vendría todo lo demás – educación,
vivienda, salud, etc. – hoy es completamente diferente ya que la vinculación
entre educación y progreso económico es esencial.

Becker lo puntualiza
de la siguiente manera: “La importancia creciente del capital humano puede verse
desde las experiencias de los trabajadores en las economías modernas que carecen
de suficiente educación y formación en el puesto de trabajo. Piénsese en la
diferencia en ingresos medios entre bachilleres y licenciados universitarios en
EEUU durante los últimos cincuenta años. Tras mantenerse relativamente estable
en torno a un 40/50 % hasta principios de los sesenta, aumentó durante ese
decenio y después se redujo un poco. Pero los beneficios monetarios derivados de
una educación universitaria aumentaron considerablemente en los ochenta, para
llegar al máximo nivel de los últimos cincuenta años.

La ventaja en
ingresos de los licenciados universitarios sobre los que abandonaron los
estudios al terminar el bachiller creció en una cifra todavía mayor. Esta prima
creciente correspondiente a una mejor educación se da no sólo en EEUU sino
también en Gran Bretaña, Alemania y otros países europeos”. (Política
Exterior 34 VII – Verano de 1993
)

Muchos lo han acusado de
reaccionario y conservador omitiendo su genuina herencia con la defensa de la
libertad individual y la iniciativa privada. Aunque asume que no todas las veces
las personas toman caminos racionales en sus decisiones, el hecho de que
persigan su propio interés deja márgenes más acotados para el error, espacios de
libertad que permiten prescindir de la planificación de los burócratas. Por otro
lado, la etiqueta de conservador no le queda ya que si fuera por él no
conservaría nada; detesta más que nadie el status quo actual. Simplemente se
autodefine como un liberal a la europea preocupado porque el Estado actúe en
mejorar el marco legal en el cual los ciudadanos encuentran un escudo protector
dentro de esa delgada membrana que nos separa del estado de naturaleza y que
algunos llaman sociedad civil.

Una demostración de su confianza en la
libertad en el terreno de las decisiones racionales es su “teoría de la acción
racional”, revolucionaria en los años setenta y que sostiene que todo individuo
es racional en todas las civilizaciones y todas las épocas. Esto significa,
según Becker, que nuestras decisiones individuales contienen un perfecto
basamento lógico en términos de costos y rentabilidad. Ser racional es maximizar
las ventajas en función de la cultura en que se vive. En su Tratado sobre la
familia
Becker demostró que las elecciones matrimoniales, la elección sobre
la cantidad de hijos, la de comprar un automóvil, etc. respondían a esta lógica.


Becker llegó a estas conclusiones luego de gigantescos estudios
estadísticos que incorporaban vastas poblaciones. De estos estudios originales
surgen sus respuestas a temas como el de la inmigración. La teoría de acción
racional demostraría, según Becker, como la asistencia social del Welfare State
desvirtúa la relación directa entre el esfuerzo individual y su recompensa. El
inmigrante, dice Becker, es un individuo racional al igual que la sociedad que
lo recibe. Las olas inmigratorias del siglo pasado se caracterizaron por el
coraje del inmigrante que se endeudaba a conciencia al tiempo que calculaba
cuánto le iba a llevar recuperar lo invertido con sus primeros años de salario.


En la actualidad, las reglas de juego no son tan equilibradas ya que
para el inmigrante puede resultar racional ingresar a EEUU o Europa para gozar
de atención médica o de una protección social gratuitas; entonces, para el país
que lo recibe deja de ser racional aceptarlos. Becker propone una solución
insólita: que paguen el ingreso para cubrir los gastos de admisión. Con esto se
acabaría la oposición al inmigrante puesto que éste pagaría por tener acceso al
mercado de trabajo y al equipamiento colectivo o social. “Negar los beneficios
sociales a los ilegales y rechazar la legitimación de su status puede parecer
cruel y abusivo. ¿Pero estarían mucho mejor si se los discriminará mandándolos
en masa de vuelta a su país? Parte de la seducción extremista y xenófoba
proviene de estos malentendidos.

Los ambiciosos y mejor calificados
generalmente ganan más cuando entran a competir abiertamente. Así también lo
hace la sociedad con su presencia. Los EEUU se han beneficiado enormemente de
sus millones de pobres y ambiciosos inmigrantes. Afortunadamente, vendiendo el
derecho a emigrar no estaremos dejando afuera a los pobres. Hasta el gobierno
federal puede hacerse cargo de otorgar créditos a los inmigrantes los cuales se
podrían pagar a partir de sus réditos en el mercado de trabajo. Canadá ya ha
empezado a implementar este sistema”. (The Economics of Life, 1996)

Los compradores de visas en general serían aquellos con el potencial económico más grande. Los bancos podrían efectuar préstamos para visas, similares a los préstamos garantizados para los estudiantes. La proporción de inmigrantes con altas habilidades o motivación se elevaría..

Una estimación es que el gobierno de EEUU obtendría anualmente por lo menos 12 mil millones de dólares en ingresos por visas, los que se podrían utilizar para una generalizada desgravación tributaria, proporcionando a los americanos nativos alguna evidencia tangible de los beneficios de la inmigración.

Muchos inmigrantes que en la actualidad emplean un largo tiempo esperando y $10.000 o más en abogados de inmigración, podrían ingresar más pronto, con mucha menos molestia y a un costo no mayor.

// OTROS TEMAS QUE TE PUEDEN INTERESAR

// EN PORTADA

// LO MÁS LEÍDO

// MÁS DEL AUTOR/A

Menú