Pensamiento y Cultura, Política

Ronald Bailey desmitifica los miedos de los ecologistas sobre la biotecnología

Ronald Bailey, periodista científico y columnista de la revista Reason, acaba de publicar ´La biología de la liberación: la defensa científica y moral de la revolución biotecnológica´. Bailey ofrece una extensa celebración de la biotecnología y la refutación a los diversos “bioconservadores” (como él los llama) que ven los avances en el campo con hostilidad y alarma. Los temas del libro incluyen la extensión de la longevidad, la terapia genética y la investigación con células embrionarias.

A propósito del lanzamiento de su último libro, ´La biología de la liberación´

Norman Borlaug, padre de la revolución verde y Premio Nobel de la Paz, ha explicado que los cultivos modificados pueden ayudar a alimentar al mundo y a prevenir la deforestación. Borlaug fue el artífice de la revolución verde que multiplicó la producción agrícola en los años 50 y 60, está a favor de los transgénicos como un instrumento para superar el hambre en el mundo.

“Muchos ecologistas han desvirtuado la lucha”, dice al referirse a la oposición de sectores ambientalistas a los alimentos genéticamente modificados. Borlaug, estadounidense, 88 años, es considerado el científico que más vidas ha salvado en el mundo, a través de investigaciones que lograron desarrollar variedades de maíz y trigo más productivas y resistentes a las plagas, que alimentaron a millones en los países pobres.

“Estoy a favor de los transgénicos. Y voy a explicar por qué. El mundo tiene dos opciones. La primera es seguir tumbando árboles, aumentar la erosión y afectar el hábitat para sembrar cultivos en suelos poco aptos con el fin de producir alimentos suficientes para la población mundial. O la segunda opción: desarrollar tecnologías nuevas, combatir más efectivamente las plagas y producir más por hectárea. Hay que decir que el aumento de la producción de alimentos en los últimos 35 años se ha debido a la aplicación de tecnologías cada vez mejores”, sentenciaba.

“Hasta ahora no hay evidencia científica que demuestre que los transgénicos sean peligrosos. Obviamente, los productos químicos se tienen que utilizar en dosis bajas y no se debe abusar de ellos. Los transgénicos se comenzaron a usar hace más de 20 años en productos farmacéuticos, en las medicinas. No sé por qué la gente está tan asustada por su uso en los alimentos, pues es lo mismo que en los productos médicos. Es más, la mayoría de las medicinas se toman por la boca o por inyección. No hay evidencia que diga que los productos transgénicos causen daño”.


Veinte años después, el periodista científico Ronald Bailey continúa en la senda de Borlaug desmitificando las mentiras de los ecologistas y las fábulas que construyen en temas como la desforestación, el calentamiento global y la biotecnología.


Bailey acaba de publicar La biología de la liberación: la defensa científica y moral de la revolución biotecnológica (Prometheus Books). Bailey, un periodista de divulgación científica y corresponsal de la revista libertaria Reason, ofrece una extensa celebración de la biotecnología y la refutación a los diversos “bioconservadores” (como él los llama) que ven los avances en el campo con hostilidad y alarma.


 


Los temas del libro incluyen la extensión de la longevidad, la terapia genética, la investigación con células embrionarias, la clonación reproductiva y terapéutica, la ingeniería genética en la agricultura, la creación de “bebés de diseño”, y “el cambio de nuestra mentalidad” a través de la neurociencia y la farmacología. Bailey hace una fuerte defensa general de los beneficios presentes y futuros de la biotecnología, y refuta adecuadamente diversas propuestas y reclamaciones desplegadas por los que se oponen a la biotecnología. El argumento habría sido sostenido, no obstante, mediante un mayor reconocimiento de que las poderosas tecnologías implicadas pueden tener algunas facetas oscuras.


 


Bailey argumenta, correctamente, que es crucial mantener al gobierno al margen de las decisiones de quién es mejorado y cómo. Pero las decisiones individuales mejoradas por la tecnología también pueden tener consecuencias problemáticas, como evidencian algunos métodos biomédicos actuales. En China y la India, los ultrasonidos y otras técnicas han facilitado la selección de niños según el sexo, haciendo que nazcan más niños que niñas. Bailey observa que este problema particular no ha surgido en Estados Unidos. Pero es el principio de tales efectos no deseados, más que los específicos en este caso, lo que debería preocuparnos.


En conjunto, no obstante, Biología de la liberación hace una fuerte defensa de la probabilidad de mejora de la calidad de vida a través de la biotecnología en las próximas décadas. El libro añade algo de equilibrio a un debate que se ha visto dominado en los últimos tiempos por riesgos exagerados y temores extendidos.

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