El ex primer ministro pakistaní Nawaz Sharif advirtió ayer, según el Wall Street Journal, que los jueces que destituyó el recientemente dimitido presidente Musharraf deberán ser rehabilitados para que su formación continúe en el Ejecutivo. Sin su partido, el país se volvería ingobernable
Fueron destituidos por Musharraf
Sharif cree que las medidas de Musharraf contra la independencia de los jueces hicieron temblar los fundamentos del estado de derecho que se pretende mantener y mejorar sustancialmente en Pakistán.
Aunque el líder pakistaní dice no querer “hacer caer al Gobierno”, también ha reconocido que podrían no tener otra opción. Si se decidieran a abandonar el Ejecutivo, el país, que atraviesa un período de transición a la democracia liberal, se vería desestabilizado.
El partido que antes lideraba la ex primera ministra asesinada Benazir Bhutto y que ahora encabeza su viudo, Asif Ali Zardari, no se ha mostrado seguro de rehabilitar a los jueces. Sharif ha advertido que Zardari le prometió que los magistrados volverían a sus puestos en las 24 horas siguientes.
El presidente pakistaní, Pervez Musharraf, dimitió el lunes pasado ante las amenazas de un proceso de destitución en su contra por parte de la coalición gobernante liderada por sus principales rivales políticos, aunque aseguró que ninguno de los cargos que le imputan son ciertos.
Musharraf logró el poder en 1999 gracias a un golpe de estado contra Sharif y, desde entonces, ha celebrado dos elecciones. Según él, la coalición que domina hoy el Ejecutivo no ha querido aceptar su ayuda a la hora de “abordar cuestiones complicadas”, porque le han considerado “un problema y no una solución”.
Para la mayoría de los analistas, la elección del nuevo presidente no será una tarea fácil debe ser aprobado por las dos cámaras del Parlamento junto con las cuatro asambleas provinciales. Hasta el momento la coalición gubernamental no se ha mostrado ni rápida ni ágil en la toma conjunta de decisiones.
Todo el mundo tiene sus ojos puestos en Pakistán, porque de él depende que se reprima a los terroristas islámicos que patrullan las fronteras entre el país y Afganistán. De hecho la estabilidad del gobierno de Kabul será muy difícil si los talibanes encuentran un santuario en esa franja de tierra.
Por otro lado, al ser Pakistán una potencia nuclear y haber vendido en otras ocasiones su armamento atómico y los métodos de fabricación en el mercado negro, Occidente está muy preocupado con el tipo de transición que ha comenzado en Islamabad.
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