Así como la política exterior no es sólo “diplomacia”, la Cooperación no es sólo “ayuda” y el “desarrollo” nada tiene que ver con la “Ayuda”.
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Martes, 21 de julio 2026

Así como la política exterior no es sólo “diplomacia”, la Cooperación no es sólo “ayuda” y el “desarrollo” nada tiene que ver con la “Ayuda”.
Editorial
La Cooperación Internacional no es una disciplina nueva y tampoco y simplemente una política pública más. Es en realidad una manera de ver o una proyección de la Política Exterior.
Si por política exterior entendemos el conjunto de acciones y estrategias que los gobiernos despliegan más allá de sus fronteras para defender sus intereses, la cooperación internacional es el resultado lógico del permanente intento de conciliación de los intereses de los unos con los de los otros, en muy diferentes ámbitos: el económico, el político, el jurídico, el cultural…Finalmente los gobiernos persiguen, o deberían hacerlo, la prosperidad de sus ciudadanos: el desarrollo. Parece claro, entonces, que impulsar políticas internacionales basadas en la cooperación y no en el enfrentamiento, es mejor fórmula para intentar el desarrollo y la prosperidad.
Sin embargo, para no pocos gobiernos la “Cooperación Internacional” se vincula exclusivamente al concepto de “Ayuda al Desarrollo”, en el que se relacionan directamente los términos de ayuda y desarrollo. Esto no responde solamente a una casualidad. Quienes así piensan defienden que el desarrollo de muchos países depende de la ayuda exterior, que la pobreza es únicamente responsabilidad de los países ricos y que la riqueza no se crea, simplemente está mal distribuida. Quienes así piensan defienden con pasión el papel planificador y protagonista del estado y lo público como gran benefactor e impulsan políticas, aún todavía hoy, cuyo resultado, al aplastar conscientemente el derecho a la libre elección de los individuos, ha sido precisamente el contrario. Más pobreza.
Así como la política exterior no es sólo “diplomacia”, la Cooperación no es sólo “ayuda” y el “desarrollo” nada tiene que ver con la “Ayuda”. Podría incluso decirse, a la luz de la experiencia, que la ayuda es contradictoria al desarrollo. La filantropía, que dicen los anglosajones, la solidaridad, la generosidad… es algo que debe pertenecer al ámbito de las decisiones privadas. Está en lo mejor de las conciencias del ser humano y debe ser “posibilitado” por el Estado y en ningún caso impedido. Pero de ahí a que los gobiernos pretendan planificar, controlar, distribuir…e imponer modelos de ayuda y desarrollo…
Vivimos en un mundo mediático alentado por esquemas preconcebidos de lo políticamente correcto e incorrecto. Los gobiernos, los políticos, los actores, los cantantes, los “opinadores” y los profesionales del “famoseo” social y popular se cuelgan para sus “electorados” y “clientes” etiquetas de solidarios que convienen a su imagen y al final a su bolsillo.
Mientras, los gobiernos se apresuran a aumentar los flujos de ayuda pública para los pobres y a planificar y distribuir los imponentes recursos también públicos. En Europa y Estados Unidos se discuten los presupuestos de lo público con dinero de los ciudadanos. Con ese dinero se subsidia la agricultura, la industria, los servicios y se destrozan las posibilidades de los productores, industriales, empresarios y trabajadores de los países pobres. Pero a los ciudadanos se les pide también dinero para ayudar y mitigar esa pobreza… Y se hace en nombre de la solidaridad y el “progresismo”. Se alientan, además, los postulados antiglobaliación y el proteccionismo nacionalista en lo político, económico, lo cultural, lo social. Incluso y especialmente en los propios países pobres. Todo ello bajo la bandera multicolor de la “Paz”, que es muy “conveniente” ahora al propósito político y clientelar.
Entonces, y de esa manera, la pobreza es consecuencia de la poca ayuda. Hace falta más ayuda. Siempre hará falta ayuda. Y la ayuda siempre será insuficiente. Entonces la política exterior será Cooperación, pero cooperación para el desarrollo y el desarrollo será sólo ayuda pública. Entonces, y de esa manera la libertad política y la libertad económica nada importan. Ni en los países ricos ni en los pobres…
Si alguna vez los ciudadanos supieran que todo esto es un “montaje” para imponer un planificado pensamiento único e impedir a libertad de elección con el propósito de igualarnos a todos en la pobreza y preservar con ello el “poder” adquisitivo de burócratas y planificadores…
Pablo Izquierdo Juárez.
Es director de Diario Exterior.
Miembro del directorio de la Fundación Internacional para la Libertad, presidente de la Fundación FIE y del Instituto Cipie para la Inmigración y la Cooperación.
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