Reunidos por Lula en Bahía, los líderes latinoamericanos han evaluado durante estos días la situación del mundo y de la región. Sobredosis de victimismo y déficit de autocrítica. Estados Unidos, aunque ausente, ha sido aludido reiteradamente, con Morales y Chávez como voceros anti-norteamericanos.
Editorial
El anfitrión ha sido Lula aunque el protagonismo lo coparon sus colegas. El Presidente brasileño, eso sí, enarbola la bandera del filocastrismo o cuando menos, parece que la milonga sobre las “reformas” que está llevando a cabo Raúl Castro ¿?, la secunda y publicita.
Cuba es uno de los países que mejor ha rentabilizado la invitación de Lula. El mensaje liberticida del gobierno de La Habana ha encontrado palmeros entre los presentes. Tales coristas han arremetido contra Estados Unidos, especialmente Morales que ha pedido la expulsión de los embajadores norteamericanos de todos los países latinoamericanos, si la Casa Blanca no levanta el embargo a Cuba. De las víctimas de la dictadura, ni una palabra.
Otro de los asistentes que ha usado la tribuna brasileña para relanzamiento propio ha sido Daniel Ortega. La actuación del sandinista no ha tenido desperdicio. Ha empleado verborrea de otra década con conceptos como “colonialismo”, “esclavitud”, “muerte del capitalismo”, que no ocultan las dificultades en aumento por las que atraviesa su país.
En efecto, Estados Unidos y la Unión Europea, en una actitud que les honra, han suspendido los programas de ayuda a Nicaragua hasta que no aclare la situación política. Ortega dice no importarle. Sigue fiel en su creencia de que con el petróleo venezolano es suficiente…
¿Y Cristina Kirchner?. En un momento en que en Argentina la oposición comienza a ser una amenaza y que su marido es vetado por Uruguay como Secretario de la UNASUR…ella irrumpe con un vocabulario anti ONU, saca del baúl de los recuerdos el tema de las Malvinas y promete viajar a Cuba el próximo año.
Es significativo como todos estos políticos de los que hablamos en las líneas precedentes van variando su punto de vista hacia la crisis económica mundial. En un principio, por el ya lejano mes de octubre, dijeron que a ellos no les iba a afectar, pues era una “enfermedad” capitalista y para países capitalistas. Sin embargo, en Bahía han pedido ya un cambio de las reglas de funcionamiento de las organizaciones internacionales. Lo que no parecen dispuestos es a alterar lo más mínimo sus sistemas políticos y económicos. El populismo y la autocrítica han sido, son y serán, conceptos antagónicos.
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