América, Economía y Sociedad

También en materia de salud los venezolanos sufren enormes penurias

El “chavismo” obliga a los venezolanos a tener que vivir en medio de privaciones, penurias y en la escasez de todo lo esencial.

Ya nos hemos referido a lo que sucede con los alimentos de primera necesidad, que se han vuelto inaccesibles. Particularmente para los ciudadanos de menores ingresos. Lo mismo sucede, como veremos, con la salud.
 
El presidente de la Federación de Médicos de Venezuela, Douglas León Natera, acaba de señalar públicamente que la escasez de medicinas es realmente “bárbara”. En las instituciones y en los 12.000 centros hospitalarios públicos así es la cosa, desde que la escasez alcanza nada menos que al 95% de los insumos y equipos que se requieren. Falta todo, queda bien claro. O, lo que es lo mismo, no hay nada.
 
Así, es obviamente imposible cuidar adecuadamente la salud de los venezolanos. Que está hoy librada “a la buena de Dios”, como consecuencia de la tremenda ineficiencia de la gestión “bolivariana” y de sus constantemente fallidos planteos de gestión y administrativos, siempre equivocados. Y expuestos a la más profunda corrupción, por lo demás. 
 
No hay en los anaqueles venezolanos ni siquiera preservativos. Nada, entonces. Menos aún, los remedios que son imprescindibles para los enfermos crónicos. Un verdadero horror que inevitablemente genera mucha angustia. Y eso que muchas medicinas vienen “trianguladas” desde Cuba.
 
 A los médicos no se los deja organizarse gremialmente en orden. Para obligarlos a ejercer su profesión sin garantías y con un enorme caudal de riesgos. Así como con salarios realmente de miseria, cuyo pago además se atrasa con alguna frecuencia, cuando el empleador es el sector público.
 
Más de 12.000 médicos han abandonado ya a las instituciones públicas. En tropel. Cual desbande. De ellos, unos 7.800 se han ido a trabajar al exterior. Hartos de lo que sucede en sus casas. Sumados a los que se fueron desde el capítulo de la medicina privada la cifra de médicos emigrados sobrepasa los 10.000 profesionales que ya han abandonado Venezuela. No es una huída, como la califica el gobierno, es una búsqueda comprensible de poder trabajar como se debe y en paz. Y naturalmente con los elementos y los medios que la práctica normal de la medicina requiere. En todas partes.
 
Los enfermos y sus familiares, víctimas de una constante frustración, amenazan -y hasta agreden- a los médicos, descargando así su furia por una situación insostenible.
 
Mientras tanto, si los médicos denuncian públicamente lo que sucede, simplemente van presos. Esto es lo que le acaba de suceder a Carlos Rosales, presidente de la Asociación de Clínicas y Hospitales Privados, que denunció la escasez de insumos. También a Ángel Sarmiento, el presidente del Colegio de Médicos de Maracay, al que caprichosamente se tildara, además, de “terrorista”. Para demonizarlo bien.
 
En dos años, los “bolivarianos” han cambiado ya a cuatro ministros de salud. Pero el tema no pasa por los hombres, sino por el planteo autoritario -y torpe- de un gobierno autoritario que hace padecer constantemente a su pueblo, sumiéndolo en el atraso y en la escasez. Y que no sabe como gestionar, siquiera. Mal planteo y peor ejecución, en síntesis.
 
Mientras esto sucede, América Latina “mira para otra parte”. Como si nada de esto ocurriera en Venezuela. Lo que configura una larga y amarga traición fraternal al lastimado pueblo venezolano, que debe resignarse a sufrir en silencio. Masticando amargura.
 
Emilio J. Cárdenas. 
 
(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas
 

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