Política

Terror en el Mar Rojo

El terrorismo yihadista en Egipto provoca la cuarta masacre en menos de un año.

Editorial
El terrorismo islamista atentó ayer con salvajismo en la turística ciudad egipcia de Sharm El-Sheikh,  península del Sinaí. Según los últimos partes policiales al menos 83 personas murieron y 200 quedaron heridas tras una serie de ataques con bombas en bazares y hoteles de turistas en este balneario a orillas del Mar Rojo.

Aunque los ojos de la comunidad internacional siguen con temor y asombro la escalada terrorista que se abate sobre Londres, lo de Egipto es muy preocupante. Las explosiones que se registraron en Sharm el-Sheikh serían, de confirmarse el atentado terrorista, el cuarto contra intereses turísticos en Egipto en solo nueve meses.

El primer atentado tuvo lugar en octubre, y también consistió en varias explosiones casi simultáneas contra hoteles de distintas categorías, entre ellos el Hilton, y campings de la ciudad de Taba, en el extremo noreste del Sinaí, junto a la frontera con Israel. Murieron 34 personas, la mayoría de ellas israelíes.

El pasado 7 de abril, otro suicida atacó a un grupo de turistas en pleno centro de El Cairo, en el bazar de Jan al Jalili, y mató a tres extranjeros e hirió a 18 personas más. Apenas tres semanas después, el 30 de abril, dos atentados casi simultáneos contra sendos grupos de turistas, cometidos con bastante impericia, acabaron con la vida de tres terroristas, dos de ellos mujeres, sin que ningún extranjero resultara herido de importancia.

La autoría de los atentados fue reclamada, en el de octubre por Organización de Al Qaeda en el país del Nilo y el abril por las Brigadas del Mártir Abdallah Azam, un grupo radical similar en su accionar al que dirige Bin Laden.

No caben dudas de que el terrorismo yihadista internacional se ha instalado en Egipto y por varias razones. Primero, porque es un destino turístico occidental de magnitud que le permite hacer mucho daño en sitios muy concurridos. La segunda razón, geopolítica, es que Egipto es hoy el país que lidera la democratización de Oriente Medio, impulsada por la medidas liberalizadoras de Mubarak y su filiación con la administración Bush. Además, Egipto quiere ser mediador entre Israel y Palestina, y lo demostró al ofrecer la misma ciudad que fue atacada ayer como sede de la última reunión entre Abbas y Sharon.

Pero sería erróneo apresurarse a concluir que la masacre de ayer se debió al odio de la Yihad hacia Israel. Ayer no murieron israelíes sino gente de muchas nacionalidades distintas, incluidos musulmanes y árabes, lo cual es nota distintiva del terrorismo islamista: matar “infieles” y musulmanes por igual. La cuestión de Palestina ya no puede ser utilizada como excusa.

Egipto no puede ser olvidado por la comunidad internacional y necesita ser apoyado en su combate contra el terrorismo, en el cual se encuentra en seria desventaja visto lo ocurrido en los últimos nueve meses. Su importancia estratégica, lo ubican, junto a Irak y Arabia Saudí, como un esencial aliado que Occidente no puede darse el lujo de abandonar a su suerte.

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