Estaba cantado. El Banco Central Europeo ha subido los tipos de interés para que a los consumidores les cueste más endeudarse y empiecen a ahorrar para los tiempos que vienen. La inflación, a lomos del petróleo y los alimentos, se ha convertido en algo insostenible para Europa. Aunque España es uno de los países donde más ha subido el coste de la vida, el gobierno niega que exista la crisis.
Las hipotecas ya son oficialmente más caras
Muchos son los que se preguntan si todo esto no habrá sido una escenificación de Jean-Claude Trichet. Hace casi un mes, el gobernador del Banco Central Europeo aseguró que estaba dispuesto a subir los tipos de interés si los precios seguían con su espiral ascendente.
Los problemas no iban a desparecer de repente. Los países productores de petróleo no creen que los precios hayan subido por el aumento de la demanda sino por los especuladores del mercado de futuros de Chicago. Si el problema no es de demanda, no tenemos por qué incrementar la oferta, se dijeron. Aumentar el número de barriles que hay en el mercado era el único modo de reducir el precio del oro negro.
Según el Banco Mundial, los precios de los alimentos no se estabilizarán hasta 2013. Esta organización internacional no contaba con que países agrícolas como Brasil o Argentina pusieran hicieran casi imposible la exportación de trigo y soja. En este sentido, la comida seguirá subiendo, aunque a menor ritmo, durante los próximos años.
Trichet ya sabía todo esto el 5 de junio, que es cuando advirtió que, de seguir así, el precio del dinero tendría que ponerse a la altura. Lo avisó para que los bancos fuesen descontando la subida del euro y obligaran de algún modo al Banco Central a tomar la decisión que ha tomado hoy.
En cuanto las palabras de Trichet salieron a la luz, el mercado interbancario empezó a subir el Euribor, que es el tipo de interés al que los bancos se prestan el dinero. Las entidades financieras se pusieron inmediatamente a comprar euros o bien para prestárselos a sus clientes o para venderlos un 0,25 por ciento más caros tan sólo veinte días después. Pocas semanas más tarde, las entidades financieras ya “habían subido” el precio de los euros, con lo que Trichet sólo se limitó a confirmar la tendencia que él mismo había desencadenado.
“Seguramente, lo hizo porque Sarkozy y Zapatero estaban dispuestos a impedir que la subida del precio del dinero perjudicase a unas economías que han basado su crecimiento, sobre todo en el caso de España, en los euros baratos y no en las competitividad de las empresas”, sugiere un experto consultado por Diario Exterior.
El consejo de gobierno del organismo también ha subido un cuarto de punto la facilidad marginal de crédito -por la que presta dinero a las entidades-, hasta el 5,25 por ciento, y la facilidad de depósito -por la que remunera el dinero-, hasta el 3,25 por ciento.
El presidente español
El presidente español insistió ayer en una comparecencia parlamentaria que no había ni crisis ni recesión en España. No era necesario subir los tipos de interés sino bajarlos para que la economía siguiera creciendo gracias en parte al dinero barato.
El Partido Popular, principal partido de la oposición, no dudó en afirmar que el problema de las medidas de Zapatero no era la buena intención con la que se habían intentado llevar a cabo ni tampoco la ideología. Su problema era la “ineficacia”.
En la última crisis económica los socialistas y en particular su ministro de Economía, que es el mismo que en la actualidad, devaluaron la moneda porque creían que era la mejor fórmula para sacar al país de las dificultades. Sin embargo, lo que más impulso proporcionó al mercado español fueron las privatizaciones, el aumento de la inversión extranjera y la reducción de un gasto público que había puesto en dificultades el sistema público de salud y las pensiones.
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