La Convención Demócrata ha tocado a su fin con un baño de multitudes del candidato Obama. Es ahora McCain quien afronta su gran semana.
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Martes, 21 de julio 2026
La Convención Demócrata ha tocado a su fin con un baño de multitudes del candidato Obama. Es ahora McCain quien afronta su gran semana.
editorial
El Partido Demócrata ha concluido su mediática semana. La intervención el 28 de agosto Barack Obama ha respondido a las expectativas generadas. Una vez más fue aclamado.
El matrimonio Clinton, Biden, Gore, Ted Kennedy, Kerry, es decir, los popes del partido, han cerrado filas alrededor de su líder. ¿Se ha logrado, por fin, la unidad entre los demócratas? De una forma más virtual que real, sí. Sin embargo, de producirse una derrota el 4 de noviembre, los reproches reaparecerán.
Ahora es el turno para los republicanos, o por mejor decir, de McCain. En efecto, si por algo se ha caracterizado el senador de Arizona ya desde las primarias celebradas en su partido, es en ir por libre. Para lo bueno, porque evita reproches fáciles de mimetismo con Bush, y para lo malo, porque sus problemas de financiación no le otorgan completa independencia.
Que McCain es un candidato atípico lo vienen demostrando los hechos. Sus 72 años, en primer lugar. Su pasado como prisionero en Vietnam le convierte en un héroe y en un ejemplo de patriotismo. Esta baza es la que ha jugado durante muchos meses pero no debería abusar de ella. Un pasado heroico no soluciona los problemas económicos de su país.
Poco antes del inicio de la Convención Republicana, ha dado un golpe de efecto nombrando como número dos Sarah Palin, gobernadora de Alaska. Ésta no entraba en las quinielas para el puesto, o si lo hacía, era marginalmente.
Con esta maniobra, McCain se apunta un tanto en particular: la opción de llegar a las votantes femeninas de Hillary Clinton. Su nombramiento, escasas horas después de que los demócratas terminaran su fiesta, hace que la atención se desvíe hacia los republicanos y sus propuestas.
McCain, por tanto, no deja de sorprendernos. Su desconocimiento del contexto doméstico, en especial el económico, lo está supliendo con creces con un discurso centrado en aquellos puntos que mejor domina, como la política exterior. Un buen ejemplo es su condena a Rusia carente de relativismos. ¿No corre el riesgo actuando así de ser considerado un halcón? No le importa. Él quiere dejar claro que piensa y actúa libre y autónomamente. Los obstáculos que ha ido encontrando en su camino los ha sorteado con paciencia y sin recurrir al avasallamiento innecesario.
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