Economía y Sociedad, Oriente Próximo

Un año del campo de refugiados sirios de Za´atri en Jordania

Hace un año que se creó el campo de refugiados Za´atri, situado en Jordania, a unos pocos kilómetros de la frontera con Siria. Hoy se ha convertido en un hogar para 120.000 personas. Se trata de un gran parque de caravanas, con más de 17.000 vehículos que alojan a los refugiados sirios.


 Hace un año que Issak huía de Siria con rumbo a Jordania. Detrás de él, 450 refugiados más. Exhaustos y asustados, todos ellos se convirtieron en los primeros habitantes del entonces recién inaugurado campo de refugiados de Za´atri, situado en Jordania, a unos pocos kilómetros de la frontera con Siria.

Ya hace un año que se creó este campo de refugiados, lugar que se ha convertido hoy en un hogar para 120.000 personas, según informa Acnur. La mayoría de los refugiados que viven aquí son mujeres y niños  y en un principio se trataba de un campo provisional. “Pensaba que después de un mes volvería a Siria,” recuerda Issak.
 
Por aquel entonces, tan solo un puñado de tiendas salpicaba el paisaje. No había carreteras ni electricidad. Hoy el campo se extiende por todo el horizonte repleto de gente que va de un lado para otro y convertido en uno de los centros urbanos más grandes de Jordania. Su extensión parece no tener fin, pues el campo continúa creciendo cada vez más.
 
Se trata de un gran parque de caravanas, las últimas financiadas por Kuwait, con más de 17.000 vehículos que alojan a los refugiados sirios. Todas las mañanas se reparten cientos de miles de tortas de pan y millones de litros de agua llegan diariamente en camiones hasta esta árida zona. Además, el campo cuenta con miles de letrinas y duchas.
 
Más de 270 profesores jordanos, acompañados por asistentes sirios, trabajan en las escuelas de primaria y secundaria del campo. Se han creado treinta y tres espacios para niños y hay unos mil puestos a lo largo de las calles de Za´atri. Nacen alrededor de 10 bebés al día dentro del campo y ya se ha vacunado de sarampión a miles de niños.
 
Los sirios que han dejado todo atrás tratan de llevar una vida lo más normal posible aquí. En la calle principal de Za´atri, bautizada como los Campos Elíseos, Mohammed, de 28 años, ha abierto una ferretería. Los beneficios son escasos, pero aun así le alcanza para dar algo de dinero a las viudas y a los discapacitados.
 
Ahora mismo este campo se ha convertido en un lugar lleno de esperanzas para los miles de sirios que viven en él. Lo saben los recién llegados como Fatima, de 34 años, que se ha registrado como refugiada hace menos de 24 horas. Ella y sus siete hijos huyeron de su casa en el pueblo de Babel Amar, después de que hubiera sido bombardeado. Fueron de pueblo en pueblo, sin encontrar en cada parada nada más que fuego y guerra.
 
Se trasladaron a las zonas desérticas de Siria, donde estaban a merced de la hospitalidad de los residentes locales para que les dieran comida y agua, antes de cruzar la frontera y llegar al campo de Za´atri. “Vivimos sólo porque Dios tiene piedad de nosotros”, comentaba. 

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