Medio Oriente no consigue reaccionar porque los canales de concertación están derrumbados. Y mientras éstos no sean recreados, asistiremos a las debacles humanitarias acostumbradas.
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Martes, 21 de julio 2026

Medio Oriente no consigue reaccionar porque los canales de concertación están derrumbados. Y mientras éstos no sean recreados, asistiremos a las debacles humanitarias acostumbradas.
Editorial
No es la primera vez que Diario Exterior comenta los llamados a la paz del reciente Papa. Desde que asumió no ha desperdiciado oportunidad para señalar que lo que debe prevalecer en Oriente Medio es, sobre todo, la negociación. Que los caminos por los que las fuerzas ciegas del fanatismo están llevando la situación no pueden crear más que dolor y gran sufrimiento.
Pues otra vez aludimos a este mensaje. Ayer, durante las celebraciones de San Francisco de Asís, el Papa pidió por la paz y por el predominio de la sensatez sobre las visiones radicalizadas. Del diálogo y la entrevista política sobre el empleo de la fuerza y la violencia. Ratzinger aludió no sólo a lo que sucede en Palestina, sino en toda la región. Pidió por el cese de la violencia en Irak, Líbano y en las llamadas Tierras Santas.
Los dichos del Papa son congruentes con lo que dice en privado. La última entrevista con Bush fue clara en ese sentido. Producir una solución negociada y apuntalar –lo más rápidamente posible- un marco de seguridad concertada. El Papa –como todo el Vaticano- no desconoce lo difícil de la situación y la indocilidad de los grupos extremistas quienes, impulsados por el odio, desprecian cualquier intento de acuerdo. Pero no inhibe al propio pontífice de repetir sus palabras de anhelo dialoguista.
La cuestión en Medio Oriente, lugar de inconmovibles pugnas religiosas, se deteriora día a día. El terrorismo aparece como un cáncer esparcido por todos los órganos de esa comunidad, e indiferente a las súplicas globales. Indiferencia basada en el profundo faccionalismo y en la indignidad de una creencia llevada hasta el fanatismo.
La región no consigue reaccionar, entre otras cosas, porque los canales esperados de concertación están derrumbados. Y mientras éstos no puedan ser recreados, pues asistiremos a las debacles humanitarias a las que estamos habituados.
Palabras textuales
“Considero mi deber hacer un llamamiento urgente y doloroso a poner fin a todos los conflictos armados que llenan de sangre la tierra, a hacer callar las armas y a buscar que el odio de paso al amor, la ofensa al perdón y la discordia a la unión. Nuestro pensamiento va dirigido en particular a la Tierra Santa, a Irak, al Líbano y a todo el Oriente Medio”. Esto fue lo que dijo el Papa ayer, y lo que seguramente volveremos a escuchar en no poco tiempo. Penosamente, la realidad nos inhibe de ser optimistas y nos desplaza hacia un terreno de cauto realismo.
Los próximos tiempos serán claves para dilucidar por qué senderos tomará la situación en Medio Oriente. Diario Exterior publica hoy la formación de un gobierno de emergencia en Palestina, donde partidarios de Hamas y Al Fata dirimen sus enconos. Pues es esta situación de virtual guerra civil la que deberá dirimirse próximamente. El mensaje del Papa podría constituir, en este dramático contexto, una referencia ineludible para salir de la violencia.
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