El Comentario
Zamora no se ganó en una hora, reza el lema más señero de esta ciudad castellana, y la quieren madrugar en tres cuartos. Zamora subsiste sin hacer más ruido que el del río Duero en las crecidas, en un recóndito destino del oeste peninsular, desconocida sin merecerlo y con un latir pausado, sufrido, acomodaticio y algo taciturno. El Delegado del Gobierno en Castilla y León la ha proclamado como la ciudad más segura de Europa. Un oasis de paz frente a las urbes cainitas y vocingleras que habitamos la mayoría.
En Zamora quieren construir una cárcel. Ya la tuvo, envuelta en una historia negra de curas etarras y polis-milis hasta que un gobierno socialista la cerró para reunir a cautivos y funcionarios en la más moderna de Topas, en la provincia de Salamanca. Unos parlamentarios zamoranos del PP exigen ahora a Zapatero que construya otra nueva. Mal asunto si el desarrollo y las oportunidades de lugares como Zamora dependen únicamente de edificar presidios.
En sitios como Zamora, Zapatero y el gobierno socialista no les da otra opción. Mal asunto.
¿Seguro que no hay otra actividad más acorde para promocionar esta zona? ¿No será más humano acercar las cárceles al lugar donde están sus potenciales inquilinos?
Mal asunto que para reivindicar el futuro de sus habitantes haya que pedir que construyan una cárcel. No me extrañaría que a Zamora fueran los presos de Guantánamo que tan generosamente se ha dispuesto a recibir Zapatero. Mal asunto, de todas todas.


















