Una mayoría de brasileños cree que hay corrupción en el Gobierno, pero sigue creyendo en la honestidad del presidente Luiz Ignacio “Lula” da Silva, inmune hasta ahora a los escándalos, según apunta una encuesta privada.
Lula habría descartado la reelección para las elecciones del 2006
Un 78 por ciento de los entrevistados cree que existe corrupción en el Gobierno, frente a un 12 por ciento que respondió negativamente. Un 10 por ciento no sabe o no contesta.
Sin embargo, en junio pasado, fecha del último sondeo, el porcentaje que calificaba a Lula como honesto era del 73 por ciento, 11 puntos porcentuales por encima del nivel de este mes. En junio un 13 por ciento lo calificaba de deshonesto.
El sondeo, publicado por el diario “Folha de S.Paulo”, fue realizado por la empresa privada Datafolha el 21 de julio a 2.110 personas en 134 de los más de 5.500 municipios del país y tiene un margen de error del 2 por ciento.
El Gobierno sigue obteniendo altos indices de calificación positiva: un 35 por ciento lo calificó de excelente u óptimo, un 40 por ciento de regular y un 23 por ciento como malo o pésimo. Para junio la calificación era del 36 por ciento de excelente u óptimo, un 44 por ciento de regular y un 19 por ciento de malo o pésimo, es decir una pequeña variación en un mes en que reinaron las denuncias de corrupción.
Adversarios y próxima elección
Entre los adversarios, según los escenarios electorales presentados por la encuesta, están desde el ex presidente Fernando Henrique Cardoso (1995-2002) hasta el actual gobernador del rico estado de Sao Paulo, Geraldo Alckmin, ambos del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), el más grande de la oposición.
Los comicios generales están previstos para octubre de 2006 y Lula ha dicho que aún no ha pensado en la reelección. Comentaristas de prensa han idnicado, sin embargo, que el proyecto de reelección de Lula está vinculado al desenlace de la crisis política generado por denuncias de corrupción en el seno de su partido PT.
Desde mayo, denuncias en la prensa, atizadas poco después por las revelaciones de un diputado que fue aliado del Gobierno, apuntan a miembros del PT no sólo de pagar sobornos mensuales de 13.000 dólares a parlamentarios de la coalición para que votaran a favor de proyectos del gobierno, sino además de sobrefacturar contratos públicos, mantener cuentas irregulares de campañas electorales y más recientemente de enriquecerse.
Bajo la presión de las denuncias, el ex secretario general del PT, Silvio Pereira, reconoció públicamente haber cometido una grave falta al recibir como regalo de una empresa privada un lujoso automóvil en 2004 y él mismo pidió su salida de la organización que ayudó a fundar en 1980.
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