América, Política

UNASUR empieza a institucionalizarse

Al identificar los principales desafíos que UNASUR tiene por delante, el patinoso Samper no menciona ninguna preocupación por el estado de la democracia en la región. Tampoco expresa preocupación por las libertades esenciales, incluyendo a la libertad de expresión, avasallada en múltiples escenarios.


 De todas las ineficaces instituciones regionales latinoamericanas, UNASUR es -en este momento- a peor. Hasta ahora, la organización ha sido absolutamente funcional a los regímenes bolivarianos y actuado generalmente apenas como un engranaje más de su política exterior. El episodio tramposo relacionado con la crisis de Pando, en Bolivia, es el mejor y más evidente ejemplo de la funcionalidad apuntada. Lo sucedido cuando se decidió suspender ilegalmente a Paraguay tan sólo confirma la sumisión del organismo regional a las iniciativas de los bolivarianos y sus compañeros de ruta.

 
Para UNASUR, sin embargo, comienza ahora -aparentemente- una etapa distinta. Tendrá Secretario General. Se trata del ex presidente colombiano Ernesto Samper, un hombre que milita en la izquierda moderada de su país. A diferencia de Néstor Kirchner, para quien las normas no querían decir nada, Samper, de acuerdo a lo estatuido convencionalmente, residirá en Quito. Una vez más Samper se expatriará. Como cuando dejó Colombia en 1998, al cierre de su insulso mandato presidencial. En ese entonces estaba salpicado por distintas acusaciones de haber financiado su campaña electoral con dinero proveniente del narcotráfico.
 
 Samper está respaldado por el actual presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, quien también ha girado últimamente a la izquierda, pese a haber sido nada menos que Ministro de Defensa del ex presidente Uribe. Todo un cambio.
 
En una entrevista reciente, concedida a un medio español, Samper realizó algunas manifestaciones que vale la pena comentar. Preguntado, indirectamente, sobre su afiliación política, contestó que su contribución a la estabilidad “no consiste en pisar incendios, sino en apagarlos”. Respuesta que lo define como un hombre incapaz de asumir posiciones claras. Cuando uno pisa un incendio, lo apaga, porque le quita el oxígeno.
 
Pese a todas las dudas, es ponderable que Samper se instale en la sede de UNASUR, en Quito. Ya mismo.
 
 Al identificar los principales desafíos que UNASUR tiene por delante, el patinoso Samper no menciona ninguna preocupación por el estado de la democracia en la región. Tampoco expresa preocupación por las libertades esenciales, incluyendo a la libertad de expresión, avasallada en múltiples escenarios. Como si Bolivia, Ecuador, o Venezuela no hubieran destruido sus democracias o, por lo menos, no haberla desfigurado, hasta hacerla irreconocible. Concretamente, para Samper la defensa de la democracia y sus valores esenciales no parece ser una prioridad. Duro.
 
En otra definición, Samper habla del “diálogo político” en la región. Manifiesta la necesidad de recuperarlo. Esto supone que, acertadamente, percibe que no existe. Hasta ahora UNASUR se ha movido a control remoto, impulsada desde Caracas con mucha frecuencia y, presumiblemente, también desde la Habana, ciudad donde gobiernan los verdaderos patrones de Venezuela.

Debo rescatar en las definiciones de Samper en materia de diálogo regional, dos cosas. La primera es su posición acerca de la necesidad de redefinir el diálogo regional con los Estados Unidos, que hoy es prácticamente inexistente. La segunda es que no hay diálogo si hay confrontación permanente.

 
Siempre refiriéndonos a la entrevista periodística reciente, Samper continúa acumulando definiciones poco claras. Por ejemplo, cuando dice que en Sudamérica no hay “presencia nuclear ofensiva”. Lo cierto es que tampoco hay “presencia nuclear defensiva”, lo que debe celebrarse.
 
Con relación al diálogo entre el gobierno de Maduro y la oposición venezolana, Samper se trepa a la nube de la ilusión. Para él, el diálogo “no está roto”. Está “congelado”, apenas. Cree que, en ese sentido, la acción de UNASUR, hasta ahora, ha sido discreta, pero efectiva.
Para él hay “elementos de juicio”, para suponer que ese diálogo podría reiniciarse. Esto es suponer que los bolivarianos pueden ser flexibles y salir del monólogo en el que están empantanados. Es también suponer que tienen voluntad real de diálogo. Pero los hechos demuestran que nada de eso es así. A lo que Samper agrega que el diálogo venezolano debe construirse “respetando las reglas de la democracia”, lo que supone que una precondición para el diálogo es que la administración de Nicolás Maduro deje de lado su autoritarismo, antes de sentarse a conversar, lo que por el momento es impensable.
 
Ni Maduro, ni su socio principal, Raúl Castro, creen en la democracia, ni están dispuestos a practicarla y respetarla. Pese a todo, eso es lo que sostiene, muy suelto de cuerpo, que agrega que Maduro “es un hombre de diálogo”, lo que es absolutamente falso.
 
Queda visto entonces que las sospechas que ubican a Samper demasiado cerca del andarivel que recorren los bolivarianos comienzan a confirmarse. Pese a todo, Samper merece que sean los hechos y no sus declaraciones los que determinen si UNASUR sigue siendo un instrumento de los bolivarianos o se transforma en lo que debe ser, esto es una organización de andar pluralista, con una administración independiente.
 
El tiempo, como siempre, definirá lo que en el futuro suceda con la gestión de Samper.
 
 
Emilio J. Cárdenas 
 Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas
 

// OTROS TEMAS QUE TE PUEDEN INTERESAR

// EN PORTADA

// LO MÁS LEÍDO

// MÁS DEL AUTOR/A

Menú