América, Política

UNASUR finalmente “llega” a Venezuela

UNASUR ha “asomado sus narices” en Venezuela, como dice Maduro. Por ahora rindiendo pleitesía a Nicolás Maduro, a la manera de “idiota útil” y dejando de alguna manera flotando en el aire algunas preguntas y preocupaciones que -por la seriedad de lo que implican- comienzan a acercarse al profundo drama que se abate sobre un pueblo que hoy está gobernado por personajes autoritarios

Cuando Hugo Chávez y Néstor Kirchner en su momento coincidieron en utilizar activamente a UNASUR para defender -a capa y espada- los gobiernos autoritarios de la región que compartían su ideología, quizás no imaginaron que la organización (creada para excluir del diálogo sub-regional a Canadá, los Estados Unidos y México) iba a llegar tan pronto a Venezuela.

O quizás sí. Porque lo cierto es que ambos concibieron su actuar como el de una suerte de paraguas, que les permitiría dejar de lado a la Organización de los Estados Americanos (OEA) y reemplazarla por la UNASUR. De modo que la OEA, en los hechos, quedara lo más marginada posible respecto de poder intervenir eficazmente en América del Sur y defender -en ese reducido espacio- la vigencia auténtica de la democracia y de los derechos humanos, así como la de las libertades civiles y políticas. Muy en particular la libertad de opinión y de prensa, que ambos mandatarios, ya fallecidos, procuraron afanosamente cercenar, en todo lo posible. Para poder manipular -a su gusto y paladar- la opinión pública y perpetuarse en el poder, envueltos en un manto de impunidad garantizada.

 
Hasta hoy, el actuar de UNASUR ha estado ciertamente teñido de una fuerte dosis de parcialidad. Todo lo “bolivariano” ha sido defendido. La salud real de la democracia no ha interesado y, respecto de los derechos humanos y libertades civiles y políticas, poco y nada serio ha sucedido. En cambio, UNASUR ha participado activamente de muchas “cortinas de humo” políticas y de esfuerzos concertados de “distracción”.
 
Basta recordar sus absolutamente torcidas -y lamentables- intervenciones en los episodios de Pando, en Bolivia, y del Paraguay, cuando el derrocamiento del ex presidente y ex obispo Fernando Lugo y la suspensión ilegal de Paraguay de UNASUR y el MERCOSUR para, en los hechos, facilitar el ingreso de la Venezuela de Hugo Chávez, hasta entonces vetado por Paraguay, conforme a derecho.
 
Fue en este último episodio, precisamente, en que el ex presidente oriental, José Mujica, pronunciara su tan deplorable frase: “lo político tiene prioridad sobre lo jurídico”. Parecer increíble -y absurdo- que pasó a la historia como la manifestación menos uruguaya jamás hecha por un presidente oriental. Porque sus dichos son una suerte de sinónimo de haber actuado en violación de los tratados internacionales, simplemente “porque se nos dio la gana” y de todo lo autoritario y patotero que haber dicho lo de Mujica significa.
 
Pero lo cierto es que UNASUR llegó finalmente a Caracas. Demorada, por cierto. Lo hizo con una misión de tres cancilleres complacientes con Nicolás Maduro: María Angélica Holguín, la colombiana con intimidad con algunos líderes bolivarianos; Ricardo Patiño, de Ecuador, uno de los países que actúan a la manera de pilares cómplices de todo lo grave que sucede en Venezuela; y el brasileño Mauro Vieira, calladito como pocas veces; seguramente con la mirada y oídos fijos en las explosiones judiciales vinculadas con la corrupción que aqueja a Petrobrás y particularmente al PT del ex presidente, “Lula” da Silva.
 
El timón de la misión de UNASUR lo tomó en sus manos -monopolizando los diálogos- el inefable Secretario General de UNASUR: Ernesto Samper. El hombre que no puede entrar a los Estados Unidos, porque se supone que fue presidente de Colombia en elecciones que fueron financiadas con dineros del narcotráfico, que aparentemente otros “gerenciaron”. 
 
La misión de UNASUR a Venezuela comenzó por alabar a Nicolás Maduro, proclamándose su total defensora. Como si estuviera defendiendo vigorosamente al “más grande demócrata de la región”. Lo que es todo lo contrario a la verdad, desde que Maduro es un enorme autoritario. Que ha desfigurado la democracia venezolana hasta hacerla irreconocible. Y que encarcela -a cara descubierta- a sus opositores sin respetar la ley, ni el debido proceso legal. Ni sus derechos humanos y libertades civiles y políticas. Nada.
 
Luego, ante el sumiso y parcial Tribunal Supremo de Justicia venezolano, la misión de UNASUR abogó tímidamente porque en los procesos contra los opositores se respetara la ley. Esto trascendió, pese a que tan sólo un sumiso -y “confiable”- periodista (del conglomerado izquierdista TELESUR) pudo “cubrir” la reunión. Los demás, no.
 
Hablamos de las detenciones de Leopoldo López (preso desde hace más de un año) y de Antonio Ledezma, entre otras muchas. Y también de las graves amenazas que penden sobre la libertad de María Corina Machado y Julio Borges.
 
Alabando a Maduro, Samper declaró haber recibido “importante información” sobre “hechos de orden nacional e internacional” que estarían “amenazando la estabilidad democrática de Venezuela”, sobre los que expresó su “preocupación”. Se refería a las fantasiosas y poco creíbles aseveraciones de Maduro acerca de la existencia de presuntos “complots”, a los que se supone “destituyentes”, contra su “gobierno”. A las que, de esa manera dio alguna “verosimilitud” cuando pertenecen en rigor al espacio propio de los “mitos”, el de la mentira.
 
No obstante, Samper, de pronto, dijo algo correcto. Inesperadamente, debo admitir. Cuando se refirió a la importancia que cabe atribuir a las próximas elecciones, las parlamentarias que (en lo que fue una primicia de Samper) están aparentemente previstas por Maduro para el mes de septiembre. Aquellas que entonces ocurrirán, quiera Dios, en apenas seis meses más. En las que, a estar a las encuestas, si no hay trampa, Maduro debería sufrir una merecida y humillante derrota en las urnas, que restituiría -en algo- los equilibrios propios de la democracia, despedazados y hechos realmente añicos por Nicolás Maduro y los suyos. Pese a que el servil Samper sostiene, suelto de cuerpo que ellos están funcionando.
 
A lo que agregó que (aunque hasta ahora no se haya aún notado demasiado) “los tres principios capitulares de UNASUR son: mantener a la región como una zona de paz; la preservación de los derechos humanos y la defensa de la democracia”.
 
Agregando que “todos los países de UNASUR están cerrados con la defensa de la continuidad democrática en Venezuela”. Lo que es distinto a defender a los “bolivarianos” pese a que Samper insinúa que Venezuela vive -y ha vivido recientemente en democracia- lo que no es cierto. Para nada. Pero para eso, precisamente, Samper ha sido “puesto” -a dedo- donde hoy está.
 
Mientras tanto, ante el largo silencio de UNASUR, una coalición de treinta y tres organizaciones no gubernamentales pidió a la delegación de UNASUR “abogar por los derechos humanos en Venezuela”. Para lo cual debe admitir, previamente, lo que aún no ha hecho, esto es que ellos, desde hace poco más de una década, se violan sistemáticamente en ese país. Y solicitaron incorporar en los diálogos de la visita a los líderes opositores, cosa que, al tiempo de escribir estas líneas no ha ocurrido, pero que aparentemente va a suceder, evitando lo que de otra manera sería una mancha más para UNASUR.
 
El pedido de las ONG, entre las que está Amnistía Internacional, incluye la derogación de la reciente norma que autoriza el uso de armas letales para disolver las manifestaciones sociales de protesta; poner fin a las detenciones arbitrarias; y dejar de usar abusivamente las prisiones “preventivas”. Además de asegurar la independencia del Poder Judicial, que obviamente no existe en Venezuela. Clarito, como el agua pura. Veremos si la misión de UNASUR se anima a hacerlo. En función de los actores y sus parcialidades, realmente lo dudo.
 
Lo cierto es que UNASUR ha “asomado sus narices” en Venezuela, como dice Maduro. Por ahora rindiendo pleitesía a Nicolás Maduro, a la manera de “idiota útil” y dejando de alguna manera flotando en el aire algunas preguntas y preocupaciones que -por la seriedad de lo que implican- comienzan a acercarse al profundo drama que se abate sobre un pueblo que hoy está gobernado por personajes autoritarios propios y también por los de un gobierno autoritario vecino, como es el régimen cubano, “inmiscuido” hasta lo inimaginable en los “asuntos internos” de Venezuela.
 
Hasta allí lo que se ve. Si la misión de UNASUR es tan eficaz como cuando intentara construir un diálogo entre los venezolanos, más de lo mismo: nada. Ojalá no sea así esta vez.

 

Emilio J.Cárdenas
Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas. 

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