Día de luto en España tras el asesinato de Ignacio Uría. Reacciones en cadena condenando el terrorismo y apostando por el Estado de Derecho. Sin embargo, ANV sigue en los ayuntamientos y en las instituciones vascas. Urge su salida.
Editorial
ANV, Batasuna, Partido Comunista de las Tierras Vascas…son los nombres que los filoetarras han ido adoptando para concurrir a las elecciones, tomar parte en las instituciones democráticas vascas y desde allí imponer su proyecto político totalitario.
Con todo este cúmulo de nombres y siglas la banda terrorista no ha burlado siempre al Estado de Derecho, pues en ocasiones se ha mirado para otro lado permitiendo que así haya sido. Nos referimos a lo sucedido en las pasadas autonómicas vascas, con la “repentina” creación de Acción Nacionalista Vasca. Los criterios electoralistas manejados por los socialistas entonces los estamos pagando ahora.
Zapatero consintió su creación y con el cinismo al que nos tiene acostumbrados, dijo que los orígenes de tal formación se remontaban a la década de los años 30 del pasado siglo. Desde que se inventaron las excusas, el que se agobia es porque quiere, ¿verdad, presidente?.
El resultado es que su representación les ha permitido acceder a fondos públicos y sobre todo, no olvidemos este dato, a información privilegiada sobre políticos de otros partidos, que conociendo los nexos que tiene esta formación, sólo podrá ser empleada de un modo siniestro.
En los municipios donde gobierna ANV, bien en solitario bien en coalición, se ha establecido el terror, la dictadura del miedo, el nepotismo, el clientelismo…Por higiene democrática urge poner punto y final a esta situación. ANV debe abandonar en cuantos ayuntamientos está.
El Ministro Bermejo ha vuelto a poner una vela a Dios y otra al demonio. Se ampara en las leyes para no cuestionar la presencia de los batasunos en las instituciones. De Llamazares y su visión estalinista de la democracia ya nos lo esperábamos. No debemos olvidar que en 1998 su formación (IU) participó en el Pacto de Estella, que fue el compromiso de nacionalismo, batasunos y comunistas para marginar y segregar a socialistas y populares. Cuando éstas dos últimas formaciones firmaron el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, la presión sobre ETA fue de una asfixia tal, que su desaparición estuvo cerca. Ese es el camino a seguir.
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