…En esta especie de orgía informativa planetaria en la que vivimos…
Durante el tiempo que duraba la campaña electoral en Colombia leíamos encuestas y análisis. Sorprendía lo que se pronosticaba habida cuenta de los altísimos índices de popularidad del presidente Álvaro Uribe. Parecía también que la oposición interna a la gestión de Uribe dentro del propio “uribismo”, llena de matices, había calado en el electorado, lo había dividido y propiciado la posibilidad de un cambio. Antanas Mockus, el peculiar ex alcade de Bogotá se beneficiaba en su campaña de esas expectativas, aunque ahora piense haber sido perjudicado por ello.
No tenía sentido lo que anunciaban las encuestas, pero en democracia todo es posible. Ahora las empresas encuestadoras, expertos, periodistas y partidos tienen en los resultados electorales reales la muestra para corregir errores y metodologías. No pasa nada. Esto ha sucedido con frecuencia en casi todas las democracias. También los creadores de opinión, dentro y fuera de Colombia (sobre todo los de fuera) tienen ya elementos ciertos para intentar ponderar sus análisis. Una cosa es lo que cada cual quiere que ocurra a lo que realmente sucede.
En esta especie de orgía informativa planetaria en la que vivimos, donde la realidad no existe y las cosas no son como son sino como se cuentan, los colombianos nos han devuelto la fe en las instituciones de la democracia liberal. Unas instituciones llenas de defectos pero perfectibles en si mismas, lo que no ocurre con las dictaduras o los totalitarismo y tampoco con esa suerte de democracias de nuevo cuño inventadas para destruir los principios básicos de la propia democracia. No hace falta citar, que bien cerca de Colombia habitan esos experimentos.
Tienen los colombianos una segunda vuelta para elegir a su presidente y a pesar del golpeo interno y externo, las Instituciones garantizan hoy mucho mejor que ayer que puedan ejercer su derecho a decidir con más seguridad y libertad que en tiempos pasados. Y este, con todos los matices que se quiera, es también un activo de la presidencia de Álvaro Uribe.
Hoy podemos hacer proyecciones pero serán solo eso. Puede hoy constatarse que si el voto de los partidos de centro derecha (Unidad Nacional, Cambio Radical, Conservador y Liberal) se hubiera sumado, el porcentaje alcanzado por Santos en primera vuelta se acercaría más a los porcentajes reales de popularidad de Uribe, lo que tiene más sentido para un observador externo. Esperaremos a ver que ocurre cuando se cuenten los votos.
Esa división del voto que invariablemente apoyaba la gestión de Uribe y el hecho de que en Colombia no fueran fagocitadas esas opciones desde el poder y por más que esto sume dificultades a los profesionales de la política y de los procesos electorales, dice mucho también en favor de las instituciones democráticas colombianas y de las personas que hasta ahora las han representado. Esto es también algo para anotar en el activo, dígase lo que se diga, de muchas personas en Colombia y sobre todo del presidente Uribe, que las Instituciones no son piedras, son personas.
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