Cuando un país tiene su economía en estado caótico es sólo natural que deba reducir su ayuda exterior. Esto es lo que le está pasando a la Venezuela bolivariana que conduce el cuestionado Nicolás Maduro.
Hasta no hace mucho, Venezuela coleccionaba votos caribeños a favor en todos los foros internacionales y regionales como consecuencia (o contraprestación) de sus entregas de petróleo financiado a largo plazo y en condiciones favorables para el comprador. Hablamos de la llamada “cooperación petrolera”, edificada con créditos concesionales a 25 años de plazo, incluyendo dos años de gracia para comenzar a pagar, con una tasa de interés del dos por ciento. Contra ese beneficio financiero, los “bolivarianos” engrosaban sus votos y obtenían el aplauso a sus propuestas en las organizaciones internacionales y regionales. Con votos “cautivos”, entonces. O “comprados”, más bien. Una vez más, vale aquello de “poderoso caballero es Don Dinero”.
Con las reservas destruidas, Venezuela acaba de anunciar una suba de tasas para los beneficiarios de su programa de asistencia petrolera. Que naturalmente no ha caído bien entre su tropa. Y, como si ello fuera poco, está asimismo reduciendo aceleradamente sus programas de asistencia financiera a sus aliados.
El mejor testimonio de esto es lo que sucede con el caso de Nicaragua, un aliado “especial” de la Venezuela “bolivariana”. Ocurre que Nicaragua recibe ayuda especial y Daniel Ortega y su familia también, a través de la empresa familiar “Alba de Nicaragua SA” (Albanisa), a la que controlan y que tiene en monopolio de la importación de combustibles a Nicaragua, obviamente de origen venezolano, único proveedor. Fenomenal negocio, por supuesto, que alimenta los bolsillos del ambicioso y cada vez más rico “clan” Ortega. Esto se llama, en términos “bolivarianos”: “financiamiento de la soberanía energética de Nicaragua”
El Banco Central de Nicaragua acaba de informar que la cooperación financiera y económica venezolana está retrocediendo. Pese a que la cooperación petrolera (el negocio de los Ortega) se mantiene igual. Ocurre que los proyectos de inversión venezolanos están en caída libre. Demorados, presuntamente.
El caso de la proyectada refinería pomposamente denominada: “Complejo Industrial El Supremo Sueño de Bolívar” es paradigmático. Hablamos de una planta de recepción, almacenamiento y distribución de combustibles en Miramar, a la que acompañará una planta de refinación de crudo. La primea parte del complejo debería comenzar a operar el año próximo. La refinería, que incluye un oleoducto interoceánico y un complejo petroquímico, supone una inversión total de unos 6.600 millones de dólares. En el primer semestre del año en curso llegaron para este proyecto 2,6 millones de dólares. A este ritmo, se necesitarán más de mil años para completarlo. Todos sabíamos que era un “verso”, pero ahora está claro.
Siempre según el Banco Central de Nicaragua, desde el 2010, Venezuela no hace donación alguna a Nicaragua, como era, en cambio, frecuente en los primeros años de gobierno de un Hugo Chávez siempre generoso con los recursos ajenos. Ahora, nada.
Desde la muerte de Hugo Chávez, el 5 de marzo pasado, la economía venezolana ha estado en una suerte de veloz proceso de demolición. Pese a sus enormes recursos en materia de hidrocarburos, Venezuela hasta tiene dificultades para poder importar normalmente artículos de primera necesidad y alimentos.
Por falta de disponibilidad de moneda extranjera. Por esto la escasez de tantas cosas que desde hace rato sufre una población ya crispada. Empezando por el papel higiénico, episodio lamentable que se ha transformado en una suerte de símbolo proverbial de la gigantesca incompetencia “bolivariana” y del fracaso del trasnochado experimento “colectivista” que azota despiadadamente a Venezuela y a su gente.
Sin dinero y con una evidente incapacidad para asumir las funciones de gobierno, sumada a una notoria ausencia de condiciones, la gestión de Nicolás Maduro se parece más a una suicida aventura bélica contra molinos de viento, que a liderar una “revolución” que simplemente no es nada más que una excusa para aferrarse al poder y lavar el cerebro de buena parte de un pueblo, condenándolo a tener que vivir en la mayor incomodidad cotidiana que pueda imaginarse, sin futuro para sus hijos.
Paso a paso, queda visto, los “bolivarianos” están desnudando un fracaso que podía anticiparse seguramente, pero que finalmente será sumamente costoso para todo el universo de países que ellos hoy dominan impunemente, después de haber desfigurado sus respectivas estructuras democráticas hasta hacerlas irreconciliables.
Emilio J. Cárdenas
Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.
// OTROS TEMAS QUE TE PUEDEN INTERESAR