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Venezuela y la denuncia de sus déficits democráticos

El país caribeño carece actualmente de formaciones políticas capaces de ser una alternativa al chavismo. Es la sociedad civil la que ha enarbolado la bandera de la oposición, dando muestras de una madurez democrática admirable. El referéndum del 2 de diciembre, el mejor de los ejemplos.

editorial

El conflicto de Rusia con Georgia, la Convención Demócrata en Denver o la celebración de los Juegos Olímpicos, son algunos de los acontecimientos que han acaparado la agenda informativa en el mes de agosto. Esto ha servido para que situaciones contrarias al buen juego democrático hayan pasado desapercibidas.


 


Una de ellas es el panorama político venezolano. Durante este mes poco se ha sabido de las obras de Chávez y lo que ha trascendido, no es para estar satisfechos. Inhabilitaciones, nacionalizaciones, merma del pluralismo informativo….en definitiva, nada nuevo bajo el sol venezolano.


 


¿Qué hemos conocido de la oposición al caudillo? Lo más importante es que ésta sigue procediendo de la sociedad civil donde tiene su cantera inagotable. Venezuela no encuentra vías de solución para la articulación de un partido político sólido que fiscalice y somete a control al poder ejecutivo.


 


El país latinoamericano sigue sin tener el equivalente a un Partido Conservador Británico, un Partido Popular en España o un Partido Socialista en Francia. El resultado es que la deseable alternancia en el gobierno, se ha convertido en una utopía.


 


Esta situación puede tener graves consecuencias de cara al medio y largo plazo, la principal de ellas, la institucionalización del Partido Socialista Unido de Venezuela como Partido Único, siguiendo así la estela del PCUS en la difunta Unión Soviética.


 


Es obligado, igualmente, que no perdamos de vista la siguiente tesis: la llegada al poder y su posterior perpetuación de dirigentes como el bolivariano, Morales o Kircher, se ha visto facilitada por la inexistencia de una oposición articulada a través de una formación política. Lo que ha habido es una pluralidad de voces discrepantes hacia los citados dirigentes, pero sin estar parapetadas detrás de una estructura organizativa.


 


Sí debemos felicitar a Venezuela por el carácter combativo de su sociedad civil. Ésta es la auténtica oposición al chavismo. Ella ha sabido movilizarse y mostrar al mundo entero los elementos pseudo-democráticos del régimen.


 


Este escenario ha sido posible por la propia inercia de su gobierno, más pendiente de establecerse ad eternum que de gobernar para todos, más deseoso de aislar que de aglutinar.

Chávez
ha tenido la virtud de lograr que izquierda y derecha compartan escenarios y mismo objetivo. Asociaciones profesionales, sindicatos u organizaciones estudiantiles son la voz de la denuncia de los excesos gubernamentales. Su parlamento, por el contrario, una entelequia.

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