“…..se olvida que 7 millones de alumnos, entre ellos 600.000 extranjeros -la mitad proceden de América del Sur y América Central-, están atrapados en unos planes educativos pensados para igualar por abajo en resultados, sin valorar el trabajo, el esfuerzo, y el mérito. Y tampoco, el talento.”.
José Miguel Alvarado
Participar en un tribunal extracurricular y examinar a un alumno de primaria al que la docencia oficial dio paso a sexto curso con cinco asignaturas de las que antes quedaban para septiembre ha sido la experiencia ciudadana más gratificante y original del verano.
Preguntar por conocimientos básicos a un chaval de 11 años, que ha tenido que esforzarse y trabajar duro en vacaciones para demostrar, ante un físico y el que escribe, que posee los conocimientos que necesita para pasar al curso siguiente, tiene su recompensa y su moraleja: Notable y lección aprendida. Siempre se puede volar más alto que a ras del sistema educativo actual.
Qué España ocupa el vagón de cola entre los principales países de la UE en cuanto a calidad y gasto educativo no es nuevo. Qué es una de las naciones europeas con más fracaso escolar, según datos de Eurostat, tampoco. Sin embargo, se olvida que 7 millones de alumnos, entre ellos 600.000 extranjeros -la mitad proceden de América del Sur y América Central-, están atrapados en unos planes educativos pensados para igualar por abajo en resultados, sin valorar el trabajo, el esfuerzo, y el mérito. Y tampoco, el talento.
A efectos oficiales, es lo mismo ser o no ser un buen estudiante. El saber no es la cuestión. De modo que el fracaso escolar es tres veces el de nuestro país vecino que no está, precisamente, para lanzar cohetes.
Pero mientras Sarkozy ha decidido poner las pilas a los maestros para refundar la educación en principios y valores, el gobierno de Rodríguez Zapatero, como en su día el de Felipe González, insiste en demostrar que aligera de perlas las alarmantes tasas de abandono que tanto nos afean por ahí fuera, aún a costa de crear series de tontos funcionales y desmotivados.
En All the wings of the Moncloa Palace (todas las alas del palacio de la Moncloa: Norte, Sur, Este y Oeste) se ha desatado una hiperactividad desenfrenada que cursa con déficit de atención y viene y se va en función de la conveniencia electoral de cara a las generales de marzo. Objetivo, comprar. Cuántos más votos mejor antes de hacer lo que la sociedad demanda a gritos: un pacto que haga posible el principio constitucional del derecho de todos a una educación libre y de calidad, para dejar de fabricar ciudadanos con Apatía Crónica e Incapacidad Intelectual Mórbida, que es hacia donde nos llevan la LOGSE y la LOE, las dos grandes reformas socialistas en vigor.
Se asegurarán el voto ante promesas como subvenciones estatales para dentaduras perfectas. Quizá consigan, además, que nadie se pare a pensar por qué el dentista y no el podólogo para nuestros mayores, niños y mujeres. Por ejemplo. Cierto que la ortodoncia es cara. He pagado varias. Pero, literalmente, nuestro talón de Aquiles puede encontrarse más abajo, en los pies, dice la California Podiatric Medical Associatión (CPMA), al señalarlos como una de las principales causas de inmovilidad de la tercera edad. ¿Por qué antes los dientes que los pies si 3 millones de españoles tendrán más de 80 años en el 2016?
En fin. Prevenir es curar. Y un modo rápido de adelgazar las estadísticas que reflejan la pésima calidad del sistema escolar es posibilitar que los alumnos, sepan o no, pasen de curso o de ciclo. Por acá sucede así en primaria, secundaria y ahora, además, en bachillerato. Todo un hito. Para la enseñanza pública y la privada.
A riesgo de pasar por alto la denostada asignatura “Educación para la Ciudadanía” (caminamos hacia tablas de Pilates colectivas en la calle antes de coger por la mañana el metro. Hablé de ello en otra columna) lo difícil, desde luego, es abrazarse al fracaso escolar con éxito. Así que: ¡enhorabuena señor Rodríguez Zapatero!
Sin embargo, a las puertas de un otoño que viene esquizoide, políticamente hablando, anima conocer como con un panorama que ahoga la enseñanza no universitaria y antes que después frenará el progreso del país, existen ciudadanos corrientes en la sociedad civil que no se resignan y se las arreglan como pueden, saben o Dios les da a entender. Me refiero al padre de la idea del tribunal, aunque dicha figura suene muy, muy, antiguo.
Si yo creyera en la reencarnación y pudiera en mi otra vida ser presidente de Gobierno, qué quieren… le daría la cartera de Educación y Ciencia porque ha hecho y dicho lo que otros no se atreven: no con mis hijos.
Nunca será ministro, supongo, ni yo Presidente, pero ambos compartimos ya la misma satisfacción: el muchacho siente más felicidad ahora, una vez que lo ha logrado, que en Junio. Son sus palabras.
“No se educa a un niño dejándole creer que todo está permitido, que tiene todos los derechos y ningún deber”. “Nos hace falta reencontrar la coherencia del proyecto educativo y establecer una jerarquía de valores”. Nicolás Sarkozy.
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