Pensamiento y Cultura, Política

Volver a Lisboa

Después de recorrer medio mundo, también nosotros, como la embajadora Permon, coincidimos en amar con pasión a Lisboa y prometerle fidelidad eterna. Por eso, fieles a un compromiso vital hemos vuelto a viajar a Lisboa.

Santi Lucas
La ciudad de Lisboa vive una transformación muy apreciable a los ojos del viajero intermitente que la observa. Venturosamente, se actualiza y regenera sin comprometer su encanto, aunque algunas distintivas y maravillosas decadencias se pierdan con el progreso. Laura Permon, esposa del general Junot, duque de Abrantes, gobernador-embajador de Francia en Portugal, escribió a comienzos del siglo XIX: “He viajado mucho. He recorrido el norte y el mediodía de Europa, y la ciudad más extraña, pero más interesante y bella que he encontrado es Lisboa. Ciudad alguna ha sido jamás iluminada por un cielo tan hermoso ni se vio rodeada por la naturaleza de tales maravillas”.

Hemos vuelto a Lisboa en un otoño soleado y luminoso. Hemos vuelto a rendir apasionado y ferviente culto a una ciudad plagada de rincones mágicos, de gentes amables y portentosas ensoñaciones que nos aguardan celosamente en cada viaje. El atractivo de Lisboa puede pasar desapercibido, o ser ilimitado si uno se mece en el vaivén de sus colinas o se involucra en el ambiente con la intensidad y devoción debidas. Cuanto más “alfacinho” se hace uno en Lisboa, más disfruta de sus tesoros y más siente como propio su pulso sísmico y vibrante.

Escribió Fernando Pessoa en una estrofa (“quadra”) que “las saudades sólo pueden sentirlas los portugueses, porque tienen la palabra para decir que las tienen”. La saudade puede ser también española, por eso invocamos un iberismo aglutinador, la transfusión de culturas por las venas hídricas que recorren un mismo cuerpo y un mismo corazón. El iberismo que desearon mucho antes Miguel de Unamuno o Miguel Torga en la misma raya separadora de Tras os montes.

¡Quen nao ten visto Lisboa, nao ten visto cousa boa! “Estas palabras admirativas, que el orgullo pone en los labios de todo portugués habitante de Lisboa, parecerán justas a cuantos hayan tenido la suerte de vivir en las riberas encantadoras del Tajo”. Después de recorrer medio mundo, también nosotros, como la embajadora Permon, coincidimos en amar con pasión a Lisboa y prometerle fidelidad eterna. Por eso, fieles a un compromiso vital hemos vuelto a viajar a Lisboa.

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