El Comentario
España tiene el doble de paro que la eurozona. El número de españoles sin trabajo ronda, brinca, frisa o supera, según unos u otros cálculos, los cuatro millones. Las previsiones, todas, apuntan a que nuestro país seguirá liderando este lamentable ranking en Europa durante los próximos meses.
Pues bien, en este ambiente de crisis y desolación laboral se celebra el congreso número 40 de la UGT y ¿quién lo inaugura? Nada más y nada menos que el presidente del Gobierno, del mismo Gobierno que es incapaz de evitar la destrucción masiva de empleo, del mismo Gobierno al que debieran dirigir sus más exigentes demandas los sindicalistas. ¿Un sarcasmo? ¿Una broma de mal gusto?
Nada de eso. Zapatero es vitoreado en el cónclave sindical al que le pide, además, “apoyo” y “cariño” ¿Recochineo? ¿Exceso de confianza?
Los representantes de los trabajadores deberían estar en este momento y más que nunca a la altura de las circunstancias. Si en una situación tan precaria para millones de trabajadores se limitan a aplaudir al compañero presidente del Gobierno en lugar de ponerle las peras al cuarto están pervirtiendo su razón de ser.
“El trabajo es primero” es el lema del Congreso de UGT. Pero lo primero, primero, han sido los aplausos a Zapatero. ¿Les podrá extrañar que su alejamiento de la sociedad sea cada día más clamoroso?


















